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La primera foto de un agujero negro
Foto de NASA

Predichos por la teoría pero jamás observados directamente, los agujeros negros siguen siendo uno de los objetos más enigmáticos de nuestro cosmos.

Un círculo oscuro en medio de un disco resplandeciente: la imagen de un agujero negro fue presentada el miércoles al mundo, una primicia en la historia de la astronomía.

El primer ‘monstruo’ cósmico en haberse dejado captar fue detectado en el centro de la galaxia M87, a unos 50 millones de años luz de la Tierra, según los responsables del proyecto internacional bautizado Telescopio del Horizonte de Sucesos.

La primera foto de un agujero negro - eht-black-hole
El resultado de más de 10 años de trabajo en el EHT Project. Foto de nsf.gov.

Los científicos ponen fin al suspense que desde hace días agita a los apasionados de la astronomía, al anunciar el resultado de un proyecto inédito destinado a captar la primera imagen de un agujero negro.

Un agujero negro es un objeto celeste que posee una masa extremadamente importante en un volumen muy pequeño. Como si la Tierra estuviera comprimida en un dedal o el sol únicamente midiera 6 km de diámetro, explicó recientemente a la agencia AFP Guy Perrin, astrónomo del Observatorio de París-PSL.

Según la ley de la relatividad general publicada en 1915 por Albert Einstein, que permite explicar su funcionamiento, la atracción gravitacional de estos “monstruos” cósmicos es tal que no se les escapa nada: ni la materia, ni la luz, sea cual sea su longitud de onda.

Hasta ahora, los agujeros negros han sido teorizados, modelizados e incluso detectados mediante pruebas indirectas, pero nunca observados. Hasta ahora.

¿Cómo verlos si son invisibles? Los astrónomos buscan observar este “monstruo” por contraste, es decir, gracias al fondo brillante que forma la materia que lo envuelve.

Por lo tanto, no se pueden observar directamente. Además, la fuerza de gravedad que emana del agujero negro es tan fenomenal que no se ha logrado recrear en laboratorio.

En abril de 2017, ocho telescopios en el mundo, unidos gracias al proyecto Telescopio del Horizonte de Sucesos (o Event Horizon Telescope, EHT, en inglés), colocaron en su punto de mira de forma simultánea dos agujeros negros: Sagittarius A*, en el centro de la Vía Láctea, y su congénere de la galaxia M87. Con un objetivo: tratar de obtener una imagen.

Desde entonces, la comunidad científica espera los resultados.

Pero sabemos que existen de dos tipos:

Los agujeros negros estelares, que se forman al final del ciclo de vida de una estrella y que son extremadamente pequeños: tratar de observar los más cercanos equivaldría a buscar distinguir una célula humana en la luna.

Los segundos, los agujeros negros supermasivos, se hallan en el centro de las galaxias y su masa está comprendida entre un millón y miles de millones de veces la del sol.

Los agujeros negros empezaron a crearse muy temprano en el universo, junto a las galaxias, por lo que “engordan” desde hace 10.000 millones de años. Pero su formación sigue siendo un misterio.

Los dos agujeros negros estudiados por el proyecto Telescopio del Horizonte de Sucesos (o Event Horizon Telescope, EHT, en inglés), que el miércoles anunciará un “resultado inédito” acerca de estos objetos, son dos supermasivos.

Uno, Sagitario A*, se halla en el centro de la Vía Láctea, a 26.000 años luz de la Tierra. Su masa equivale a 4,1 millones de veces la del Sol. Su radio mide una décima parte de la distancia entre la Tierra y el Sol.

El otro es uno de los agujeros negros más masivos de los que se conocen, con una masa 6.000 millones de veces superior a la del sol y 1.500 a la de Sgr A*. Está situado a 50 millones de años luz de la Tierra, en el centro de la galaxia M87.

Bajo el efecto de la enorme atracción gravitacional, las estrellas más cercanas a estos “monstruos” son achatadas, estiradas y dislocadas y su gas se calienta a temperaturas extremas.

Gas y trozos de estrellas giran en espiral alrededor del agujero negro -el denominado disco de acrecimiento- para acabar penetrando, generando un haz brillante ultravioleta.

“Cuando un agujero negro empieza a aspirar la masa, esta última se calienta enormemente, brilla y emite luz”, explica Paul McNamara, responsable científico en la Agencia Espacial Europea del LISA Pathfinder, un futuro observatorio espacial.

A falta de poder observar un agujero negro, los astrónomos tratan de ver la zona de no retorno, el límite a partir del cual lo que sucede es inaccesible; en definitiva, el contorno del monstruo.

Con información de AFP