Minuto a Minuto

Deportes En vivo: Ghana vs Panamá, Grupo L del Mundial 2026
Ghana y Panamá jugarán el ultimo partido de la jornada en el Grupo L del Mundial 2026 en el Estadio Toronto
Deportes De un ataque con ácido a la gloria con RD Congo en el Mundial: La historia de Yoane Wissa, anotador ante Portugal
Yoanne Wissa, delantero de la República Democrática del Congo, sufrió un ataque con ácido hace cinco años, lo que puso en peligro su carrera
Entretenimiento Inicia Art Basel 2026, escaparate global para más de 4 mil artistas
La emblemática expo suiza tendrá su área principal en Galleries, donde se mezclarán obras de maestros contemporáneos con artistas jóvenes
Internacional Trump pone en duda el futuro del T-MEC: “Preferiría no tener el acuerdo”
El actual T-MEC entró en vigor en julio de 2020 para sustituir al TLCAN y su ciclo de revisión se acaba de abrir tras seis años de vigencia
Nacional SCJN retomará discusión sobre la eutanasia y el suicidio asistido
Una mujer solicitó la intervención de la autoridad judicial para acceder a la eutanasia en la Ciudad de México

“El Estado español, derrotado en Cataluña”, este fue el titular inmediato del diario The Guardian al terminar la ruinosa jornada del plebiscito catalán el domingo pasado. John Carlin, entrevistado por la televisión española, dijo: “Esta es la peor imagen de España que ha visto el mundo desde Franco”. J.K. Rowling descargó en su cuenta de Twitter: “Esto es repugnante e injustificable”. Y Pep Guardiola: “Basta. Le han roto los dedos a una joven porque quería votar”. Habían dado la vuelta al mundo las imágenes de la violencia policial que acabaron diciéndolo todo, ese día, sobre la jornada: una derrota política, quizá histórica, para España, un triunfo resonante pero peligroso, inflamable, para los independentistas de Cataluña. La deriva independentista ganó la partida mediática el domingo, contra sus propias leyes constitutivas y del orden constitucional de España. Fue la batalla de unos líderes catalanes hábiles, montados en la ilegalidad y en las emociones colectivas, y un gobierno nacional torpe, montado inflexiblemente en la Constitución. La ley no hace política. Y aplicada a rajatabla largamente, como el PP y Rajoy la han aplicado a Cataluña, conduce a la negación de la política y, con el tiempo, paradójicamente, a la ilegalidad. Si la aplicación de las leyes bastara para gobernar, no harían falta sino jueces, reglamentos y policías. La torpeza de Rajoy y de sus extremas medidas legales para contener un plebiscito que, según sus propias palabras, era inexistente, no quita un ápice de ceguera a la causa del nacionalismo catalán. De todo lo que sucedió en Cataluña, acaso lo de más larga duración termine siendo la sinceridad con que la causa nacionalista ha tomado el corazón de su sociedad, en particular de los jóvenes que vimos el domingo, una y otra vez, resistiendo los embates de la Policía Nacional y la Guardia Civil. Creo que, en el fondo, combaten aquí dos nacionalismos encendidos: el nacionalismo español a la Rajoy, con su linaje franquista, y el nacionalismo catalán, con su reciente impronta brexit: oportunista, aventurero y caro. Son nacionalismos hermanos y enemigos, un peligro paralelo para la España democrática autonómica, plural, que hemos aprendido a admirar fuera de España. (Fe de erratas en mi columna de ayer: es Pepe Delgado, no Pepe Salgado). [email protected]