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El uso mentiroso de las redes sociales no es una gracia, es un peligro.

Este mundo se construye hoy en los terrenos de la posverdad, en ese espacio de desconfianza en lo establecido que se llena con la emoción de unas redes sociales que para muchos son infalibles, porque si lo ven o lo oyen no hay cabida para la mentira. O si lo ven retuiteado un número determinado de ocasiones, se convierte en certeza.

En 1895 los hermanos Lumière sentaron frente a una pantalla a un grupo de personas en un café de París. Ante ellos proyectaron su cinta La Llegada de Tren. Cuando los asistentes vieron en la pantalla que una locomotora avanzaba hacia ellos, salieron despavoridos.

Al paso de estos últimos 122 años, tenemos claro que se trata de una filmación inocua y divertida. En ese momento los asistentes no atendieron al blanco y negro de la película, a la velocidad interrumpida de los movimientos, a los cambios de luz de un material revelado de manera dispar. Vamos, obviaron tantos factores que develaban una trampa visual. Pero lo vieron, ¿cómo podría ser falso?

La sociedad contemporánea podrá parecer rupestre en su apreciación de las redes sociales a la vuelta de un siglo, pero hoy el uso alevoso de ellas está trastocando la vida cotidiana. Hay tantos ejemplos como posts, hashtags, tuits, pineos, shots, snaps o cualquier otro neologismo que quiera usted incluir.

Uno de tantos es aquel que le ha costado mucho dinero y mala fama a la cadena de autoservicios Walmart. Resulta que alguien, simplemente con su móvil, porque hoy no se requiere más, retocó un display de venta de cobertores de fabricación artesanal y donde decía “precio bajo” tatuó la leyenda “colcha de pobre”.

No había oportunidad de que no se tratara de un cliente indignado de un supermercado de esa cadena que había tenido la valentía de tomar la foto y subirla a las redes sociales para compartir su furia con tal muestra de insensibilidad de una cadena extranjera.

En automático, los retuits, los comentarios negativos y la indignación colectiva de aquellos que viven con el contagio de la cólera social como forma de vida.

Nadie pensó que ese anuncio pudiera estar truqueado, en 10 minutos y con un celular. Nadie cayó en la cuenta de que esta empresa mexicana de nombre extranjero no tendría motivación alguna para hacer algo así.

Algunos medios de comunicación con muy poco rigor periodístico se subieron a la ola de la posverdad y se indignaron a la par de los ingenuos usuarios de las redes sociales. Alguien jodió a Walmart y no hay responsables.

Ese uso mentiroso de las redes sociales no es una gracia, es un peligro. La activación de las alertas por esta vía ha llevado a personas a ser linchadas, a negocios a quebrar, a pleitos y muchas calamidades.

Uno de los mayores homologadores sociales contemporáneos han sido las telecomunicaciones. El acceso a precios bajos a equipos y redes ha emparejado mucho la cancha social. Sin embargo, hay un peligroso analfabetismo digital que se traduce en hordas de crédulos ciudadanos que son fácilmente manipulables.

Hay millones de usuarios de las redes sociales que hoy se levantan de sus butacas y corren porque ven el tren de los Lumière venir hacia ellos. Y eso lo saben aquellos que están deseosos de enfadados mexicanos para cumplir sus propósitos personalísimos.

La posverdad política que vamos a padecer a partir de hoy que inicia el proceso electoral del 2018 será algo nunca antes visto.