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Es todo un reto comprender cómo funcionó esta máquina multinacional de corrupción en México.

Doy por buenos los señalamientos: es muy probable que Emilio Lozoya haya recibido dinero de Odebrecht. No escribiré de Lozoya, sino de Odebrecht, el actor principal de esta historia. Me parece necesario entender cómo funcionó esta máquina multinacional de corrupción. Quiero subrayar una cosa: a pesar de su propensión al protagonismo, el exdirector de Pemex es un actor de reparto en una obra donde han sido salpicados casi 200 políticos de primer nivel de 12 países, además de Brasil.

Odebrecht ha reconocido que entregó, al menos, 788 millones de dólares en sobornos para ganar 100 grandes contratos que le reportaron 3,300 millones de dólares en ganancias. La cifra podría ser mucho mayor, entre otras cosas porque Marcelo Odebrecht, CEO de la compañía hasta el 2015, ha explicado que dedicaban entre 0.5 y 2% de sus ingresos totales a sobornos. “Hubo años en los que se pagó el equivalente a 611 millones de dólares”, dijo.

Los altos ejecutivos de Odebrecht debían leer las enseñanzas del fundador, Norberto Odebrecht. Eran tres tomos donde se glorifica el esfuerzo y la disciplina; se habla de las virtudes y las responsabilidades con la sociedad. La verdadera filosofía se aplicaba en el terreno. “Dar dinero a los políticos es lo que se necesita para ganar contratos (…) Si quieres ganar los mejores contratos, debes entrar al financiamiento de las campañas políticas”, le explicó Emilio Odebrecht a las autoridades brasileñas en noviembre del 2016. Emilio es hijo del fundador y fue CEO de la empresa por dos décadas, a partir de 1991.

Una de las cosas que hacen única a Odebrecht es el empeño que puso para afinar su maquinaria de corrupción. Tenía una oficina, la División de Operaciones Estructuradas, donde se hacía inteligencia de negocios. Se procesaba la información clave para saber a quién había que dar el dinero para lograr un contrato. Más aún, allí se creaban las empresas fantasmas que hacían las operaciones de simulación necesarias para que el dinero de los sobornos llegara a los sobornados a través de una cuenta segura en paraísos fiscales.

¿Cómo operó esta maquinaria en México? Hasta ahora tenemos sólo unas piezas del rompecabezas. Sabemos que Odebrecht empezó a crecer en México apenas en la década pasada. Hizo obras para varios gobiernos estatales, entre ellos Michoacán y Veracruz, pero los proyectos más importantes tuvieron que ver con Pemex: dos corresponden a la refinería de Tula, por un total de 3,200 millones de pesos; uno más está en la refinería de Salamanca, con valor de 84 millones de dólares, y el cuarto es la Fase II del gasoducto Los Ramones, valorado en 935 millones de dólares. El contrato más importante lo consiguió a través de una filial, Braskem: implica el abastecimiento de etano en condiciones preferenciales por 20 años para mantener funcionando la planta Etileno XXI, que se hizo con una inversión de 5,200 millones de dólares.

¿Cómo consiguió esos contratos? Sería un milagro que en México no hubiera funcionado la maquinaria corruptora de Odebrecht. Sabemos que esa máquina trabajó mucho entre el 2010 y el 2014, pero falta saber muchas cosas. Por eso es tan importante lo que se ha publicado de Lozoya y llegar hasta el fondo del asunto. La experiencia en otros países indica que la primera cifra reconocida de sobornos fue rebasada. Esto implica que en México serán mucho más de 10 millones de dólares. ¿Las autoridades ayudarán o estorbarán en la búsqueda de la verdad? Ésa es la cuestión.

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