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A partir de la segunda mitad del 2014 en la que la Fed comenzó a señalar que concluiría su programa de estímulos cuantitativos, el dólar estadounidense se había venido apreciando de manera considerable y acelerada ante la mayoría de las monedas a nivel global.

Aunque esta trayectoria de apreciación fue revertida durante la primera mitad del 2016, la apreciación del dólar se reanudó con el triunfo de Donald Trump en la elección primaria del Partido Republicano y se aceleró con el triunfo del candidato republicano en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en noviembre del año pasado.

Ante el triunfo de Trump, los mercados comenzaron a descontar un escenario de mayor crecimiento económico impulsado por la expectativa de grandes estímulos fiscales —en forma de recortes a las tasas impositivas y mayor inversión en infraestructura— y la creación de un entorno más amigable al sector empresarial mediante la desregulación.

En este escenario de mayor crecimiento, el mercado comenzó también a descontar un repunte en la inflación y la posibilidad de una trayectoria más acelerada de tasas de interés al alza.

Estos factores, aunados al discurso político de ‘America First’ de la nueva administración dieron un impulso 
inusitado al dólar.

De acuerdo al índice que utiliza la Fed para medir el desempeño relativo del dólar frente a una canasta de monedas de los principales socios comerciales de Estados Unidos conocido como el Trade Weighted US Dollar Index el dólar alcanzó, en enero de este año, su posición más fuerte desde el 2003.

El índice, que comenzó a computarse en 1998 con un nivel inicial igual a 100 (una apreciación del dólar refleja un aumento en el valor del índice mientras que una depreciación implica una disminución en el valor del índice) pasó de un nivel cercano a 75 en julio del 2014 a casi 97 a principios de enero del 2017.

Sin embargo, de entonces a la fecha el dólar se ha depreciado de manera considerable, con el índice llegando a 92 puntos, borrando prácticamente todas las ganancias desde el día previo a las elecciones presidenciales de noviembre en Estados Unidos.

De acuerdo con Jim O’Neil, expresidente del Consejo de Gestoría de Fondos de Goldman Sachs (famoso por haber acuñado el acrónimo, BRIC para hacer referencia a Brasil, Rusia, India y China, cuyas economías podrían ser para el 2050 superiores en tamaño a las que en ese momento componían el G-7), hay varias razones detrás de la caída del dólar, pero identifica como la más importante el hecho de que la agenda procrecimiento de Trump impulsada por estímulos fiscales no se ha materializado.

Esto sin duda es un factor fundamental ya que resta presión a la Fed para acelerar su normalización de tasas lo cual provocaría una mayor divergencia entre las políticas monetarias de la Fed y otros bancos centrales como el Banco de Japón y el Banco Central de Europa que siguen en etapa de estímulos cuantitativos.

Por otro lado, el hecho de que los responsables de la política comercial en Estados Unidos estén, en la práctica, adoptando una postura pragmática y mucho menos virulenta que el discurso de su jefe en cuanto a la imposición de barreras al comercio internacional también ha contribuido a un escenario de menor aversión al riesgo a nivel global.

Adicionalmente, el repunte de la actividad económica en la eurozona, Japón y el mundo emergente, aunado a una disminución en la percepción de los riesgos geopolíticos también han sido clave para contribuir a un escenario de debilidad para el dólar que podría extenderse hasta llevar al índice a niveles cercanos a 85-88, donde se encontraba a mediados del 2016.