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Hoy llega a Florida, Estados Unidos, el presidente chino Xi Jinping. Y llega a ese estado sureño y no a Washington DC porque el presidente de ese país, Donald Trump, le quiere presumir su mansión en Mar-a-Lago, a la que él llama La Casa Blanca de invierno.

El mandatario chino podrá traer a su mente la ciudad prohibida o la Gran Muralla y dimensionará como una casita modesta la extensa propiedad del magnate-presidente.

El punto es que Donald Trump necesita algo más que su casa de descanso para impresionar al presidente chino y algo más que una amenaza comercial para que el gigante asiático realmente se sienta presionado.

Hay evidente tensión en los mercados por este encuentro y no es para menos. Basta con recordar muchas de las actitudes que ha tenido Trump con otros dignatarios: la grosería de no dar la mano a la canciller alemana, Angela Merkel, y la sacudida que le puso con el apretón de manos al premier japonés, Shinzo Abe, por hablar del trato a dos potencias.

Con el chino se va a topar con pared, con una más grande que la que pretende construir en la frontera con México. Xi Jinping debe simplemente recordar al presidente de Estados Unidos quién es el principal acreedor de su país para que le baje de tono.

En el momento en que Trump pretenda dar un manotazo sobre la mesa para defender su idea del comercio justo, de bajar a como dé lugar el déficit comercial, puede ser que el mandatario chino le responda que eso se arregla de una manera muy sencilla: que Estados Unidos abra sus fronteras para recibir inversiones chinas y entonces puedan producir en territorio estadounidense.

Es impredecible saber si Trump tiene bajo la manga el recurso de usar la falta de respeto a los derechos humanos en aquel país para presionar a su invitado. No hay duda que la respuesta sería un poco más dura por parte del oriental.

Es un hecho que el presidente Trump querrá sumar a China a su plan de acabar con el régimen de Corea del Norte. Lo difícil de predecir es el tono de la respuesta.

Serán conversaciones privadas, no nos enteraremos de la mayor parte de la plática, pero tendremos acceso a los mensajes finales y a las fotografías.

Las caras, los gestos, ese lenguaje no verbal será básico para los mercados en este día. A la espera de las consecuencias en los días y semanas por venir.

Un riesgo serio es que tras ser doblegado por China, Trump se recargue en los más débiles y entonces se mantenga con el discurso de que el único problema comercial que tiene Estados Unidos es con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

La prueba del talante y la inteligencia del presidente Donald Trump, que hoy enfrenta, es muy importante. Porque hoy lleva a la sala de su mansión a un personaje tan poderoso que puede advertirle que con China tenga cuidado y que lo puede hacer en su cara y en su casa.