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No debe ser motivo de grandes festejos ver cómo en medio de esta enorme volatilidad la moneda mexicana se mueve más de 2% en un día. Así sea para mostrar una recuperación.

Claro que bajo las actuales circunstancias siempre será mejor ver un brinco a la baja que al alza. Pero ese movimiento brusco en la semana no fue otra cosa que una parte de ese ambiente especulativo que prevalece.

Vamos, realmente no ha cambiado nada desde que ganó las elecciones Donald Trump. No ha tomado acciones de gobierno que realmente marquen un cambio real. Lo que mueve a los mercados en todas direcciones es la especulación.

Desde el 8 de noviembre a la fecha hemos visto cómo pasa la cotización peso-dólar de niveles de menos de 18 a 22 y después de regreso a los 19 actuales.

En medio no hay una renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), no hay una iniciativa en materia fiscal en el Congreso, no hay más que 12% del presupuesto que se necesita para la construcción del muro.

El mercado cambiario se ha movido en el agitado mar de las declaraciones y hasta las filtraciones. El peor momento de la moneda mexicana llegó en los días previos a la toma de posesión del mandatario republicano, cuando todo era especulación sobre sus primeras acciones de gobierno contra México.

Y los mejores momentos de la moneda mexicana en estos tiempos de Trump son los actuales, cuando el banco central de ese país regresa al discurso de la prudencia para subir las tasas de interés y sobre todo cuando los más poderosos funcionarios en materia comercial del gobierno de la Casa Blanca han moderado su discurso sobre el futuro del TLCAN.

Entonces, si nos basamos solamente en el factor estadounidense para ver el comportamiento de la relación peso-dólar, realmente no ha sucedido nada en concreto.

Si lo que debemos atender son los asuntos internos, tampoco hay muchas noticias que marquen la suerte de la moneda mexicana.

Lo que más puede mover los niveles de paridad tiene que ver con la salud de la macroeconomía. Hay una amenaza de degradación crediticia al tiempo que hay una promesa gubernamental de recomponer la salud financiera perdida.

Pero, concretamente, no hay nada. Sólo una enorme lupa a las decisiones y acciones financieras del gobierno.

Entonces, si lo que mueve al mercado son las expectativas, las declaraciones y los pronósticos, no hay razones para pensar que no puede pegar un brinco de vuelta hacia los 22 en poco tiempo. Puede un simple tuit de Donald Trump depreciar al peso.

Es cierto que los niveles actuales más cercanos a 19 pesos por dólar se aproximan a los niveles reales del tipo de cambio, pero el hecho de que coincida esta paridad con la lógica no significa que la racionalidad prive en el comportamiento de los mercados.

Una lectura errónea de la condición actual de la paridad peso-dólar sería pedir al Banco de México que no reaccione ante el incremento de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal.

Una parte del nivel actual de la paridad cambiaria descuenta ese movimiento, como parte de una política clara del banco central.

Así que nadie se confíe respecto a que pasó lo peor para el peso mexicano, no hasta que haya un respaldo en hechos, no en declaraciones.