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México no está preparado para el proteccionismo de EU; la ruta es apostar por la diversificación de mercados.

En campaña, Donald Trump habló de aplicar impuestos o tarifas de 30 o 35 por ciento contra las importaciones de los países con los que Estados Unidos tiene déficit comercial. Ahora su equipo se refiere a un impuesto de 20 por ciento que aplicaría para todas las importaciones. Este serviría para financiar la baja de impuestos y los costos de un programa de infraestructura que incluye el odioso muro de la frontera con México.

El diseño de ese impuesto es muy complejo, tanto que son muchos los que dudan que logre convertirse en una realidad. No sólo aplicaría para México y China, sino incluiría a Japón, Canadá, Vietnam, la Unión Europea y Corea del Sur. Más vale que los escépticos tengan razón, porque si ese impuesto pasa las aduanas tecnocrática y legislativa, sería la estaca clavada en el corazón del sistema mundial de comercio que ahora conocemos.

En el momento en que Estados Unidos decrete el impuesto de ajuste a la frontera, desatará una reacción en cadena. Las respuestas más agresivas vendrían, muy probablemente, de la Unión Europea y de China. Ellos tienen mayor margen de maniobra o capacidad de contraatacar.

La Unión Europea ha anunciado que presentaría una demanda en la Organización Mundial del Comercio (OMC). De acuerdo con las reglas actuales de resolución de disputas de la OMC, el monto de la indemnización que Estados Unidos debería pagar ascendería a 350,000 millones de dólares, sólo en el caso europeo, dice el FT citando a un investigador del Peterson Institute. El monto es tan grande que supera por un factor de 100 la mayor multa jamás impuesta al seno de la OMC.

China ha manifestado que no quiere un enfrentamiento comercial, pero está preparado para éste. Su comercio exterior ha pasado de ser 49% del PIB en el 2011 a menos de 36 en el 2016. Las ventas a Estados Unidos siguen siendo las más importantes, pero el mayor crecimiento está en América Latina, Asia y África. El dragón tiene el mayor superávit comercial con Estados Unidos, más de 30,000 millones de dólares mensuales y además posee 1.5 billones de dólares en deuda del Tío Sam.

Una guerra comercial entre Estados Unidos y China se produciría en varias fases, coinciden expertos. La primera fase ya comenzó, en más de un sentido. China ha impuesto aranceles a productos agrícolas de Estados Unidos y éste ha demando a China en la OMC por subsidios a las exportaciones de aluminio. Estos países no tienen un acuerdo de comercio bilateral, así es que las disputas se deberían resolver con las reglas de la OMC… a menos que Trump decida establecer las sanciones por su cuenta y, de facto, reventar a la OMC.

En respuesta, China podría golpear algunas de las empresas insignia de Estados Unidos. Boeing proyecta vender 6,810 aviones a China en los próximos 20 años. Esto es más que a todo el mundo. GM vende más coches en China que en Estados Unidos y Apple vende más iPhones en China que en su país.

¿Qué pasaría con México? Ningún país, a excepción de Canadá, depende tanto del comercio con Estados Unidos. Si nuestro vecino y socio entra en guerra comercial, saldremos perjudicados. No estamos preparados para un escenario de proteccionismo global y, mucho menos, para uno donde Estados Unidos sea hostil hacia nosotros. Nuestra ruta es clara: apostar por el mercado interno y la diversificación de mercados… Pedir a la Virgen de Guadalupe que evite una guerra comercial hasta que estemos listos.

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