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Recibí este domingo el premio de periodismo cultural Fernando Benítez, que entrega la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Hay dos personas sin las cuales lo que se premió en Guadalajara simplemente no existiría. Esas personas son Luis Miguel Aguilar y Rafael Pérez Gay.

El premio les pertenece a ellos tanto como a mí. Así lo reconocí en la premiación y lo repito ahora. Luego hablé de Benítez. Fue una evocación dichosa porque la palabra que acompaña el nombre de Fernando Benítez en mi memoria es la palabra felicidad.

La felicidad es desde luego efímera y además, al revés de la desgracia, carece de buena memoria. Nuestras desgracias suelen tener más fuerza en el recuerdo que nuestras dichas.

No es así con mi memoria de Benítez. Su recuerdo viene siempre a mí en andas del humor y de la gracia,  precedido por el eco impostado, malicioso, risueño e inolvidable de su voz: “No hagas caso de esos truhanes, hermano: son unos miserables”.

“Siempre estaba contento”, dice su esposa Georgina, “como si estuviera jugando”. Así está en mi memoria, jugando y hablando.

Comparando, por ejemplo, la última edición del  suplemento Sábado, que hacía él en unomásuno, con la última edición de la revista Nexos, que yo hacía con Enrique Florescano. Las ponía juntas en sus manos, frente a frente, y decía, con humor inmisericorde: “Los hicimos pedazos, hermano”.

Tenía el don de la alegría, el don del humor, el de la elocuencia, el del insulto, el de la picardía.

En sus años finales, cuando iba a someterse a una revisión que incluía la puesta de una sonda en las vías urinarias, dijo a su médico: “Piedad, doctor, con este pajarito, que en tan alegres jaulas ha cantado”.

Decía haber descubierto un modo revolucionario de hacer cabezas noticiosas. Había que renunciar a las cabezas cortas y llamativas, típicas del oficio, y hacer en cambio cabezas tan largas como fuera necesario para que la noticia quedara clara.

Fue así como en algún diario que dirigía ordenó imprimir esta cabeza: “Javier Flores, pariente político del presidente Adolfo López Mateos, y modesto burócrata de Ferrocarriles de México, gana en esa empresa más que el director”.

(Mañana: Fernando Benítez y Carlos Fuentes)

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