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Los “50 Lineamientos para un Proyecto Alternativo de Nación”, de López Obrador, son las primeras propuestas explícitas de un aspirante presidencial con partido para las elecciones de 2018.

Hay también el proyecto de un aspirante independiente, el del libro de Jorge Castañeda: Sólo así.

El resto del camino hacia 2018 es por lo pronto un forcejeo político donde abundan los golpes y brillan por su ausencia los proyectos.

Hay que celebrar el documento de AMLO porque traza desde ahora lo que sería su gobierno si, como todas las encuestas sugieren que puede suceder, gana en 2018.

He leído con cuidado los “50 Lineamientos…”. Creo que tienen tres dimensiones: una promesa de futuro, dos prioridades políticas y un menú de políticas públicas.

La eficacia del documento es piramidal: quien crea la promesa de futuro creerá las prioridades políticas y el menú de políticas públicas.

No a la inversa: no es un documento convincente por sus propuestas, sino por la promesa de tono profético que las envuelve.

López Obrador propone “construir aquí en la Tierra, el reino de la justicia y de la fraternidad”. Es la línea final del documento. No es un adorno retórico, sino el fondo emotivo, la apuesta de verosimilitud central de su proyecto.

En ese proyecto hay una tierra prometida, un hombre capaz de conducir hacia ella y una convocatoria llana a creer en ambas cosas.

Digo esto sin asomo de ironía o intención de caricatura. El llamado a creer puede ser la pieza más potente de la propuesta de López Obrador, porque está leyendo algo sencillo y profundo de las emociones que dominan el desencanto mexicano.

Ese algo podría resumirse de la siguiente manera: ahí donde todos dicen ya no creer en nada, debe haber unas ganas enormes de creer en algo.

Esto puede ser verdad, si no para todos, al menos para una franja de ciudadanos urgidos de creer. No hace falta que las ganas de creer ganen las emociones de todos los mexicanos. Basta con que un tercio de los votantes se dispongan a creer que la promesa de AMLO vale como una profecía.

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