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Creo que la tentación populista mexicana crecerá en los próximos años. México ha dibujado lo que parece el mapa de una nueva modernización de amplios alcances, cuyos beneficios tardarán en llegar. Mientras maduran, los reformadores estarán en la situación del célebre pasaje del profeta desarmado de Maquiavelo: han afectado grandes intereses sin que haya todavía grandes beneficiados con esas afectaciones.

Dice Maquiavelo:

No hay nada más difícil de hacer, ni de resultado más incierto, ni más difícil de gobernar que la introducción de un orden nuevo de cosas porque quien lo introduce tiene como enemigos a todos los que medran del viejo orden y como aliados tibios solo a quienes podrían medrar del nuevo… Sucede entonces que cuando los enemigos del nuevo orden atacan, lo hacen con celo y los otros lo defienden con dudas, y están, junto con su príncipe, en peligro.

La modernización mexicana tiene un problema serio de tiempos.

Su segundo problema clave es el de sus medios. Toda modernización, toda gran apertura de oportunidades de inversión y creación de riqueza, produce nuevos ricos y nuevos privilegios. En todas hay cuartos de guerra, cadenas de influencia, preferencias políticas, tratos bajo la mesa.

La pregunta es si la ejecución de estas grandes reformas se verá marcada, deslegitimada, por la corrupción y el capitalismo de los amigos o será una verdadera llamada a la transparencia, la competencia y la productividad.

El tercer problema, desde luego, es el de los resultados. La pregunta clave aquí es si la nueva modernización no servirá solo para crear nuevos empresarios e inversionistas, sino también una oferta masiva de empleos bien pagados.

Subrayo: bien pagados, porque los salarios de la economía formal mexicana, hay que decirlo, son una desgracia pública. Si recuerdo bien una cifra del Inegi, solo 10 por ciento de los mexicanos registrados en el IMSS gana más de 10 mil pesos.

La cantidad y calidad de los empleos dirá si esta nueva modernización es suficientemente incluyente o solo otra de las modernizaciones inconclusas, vieja especialidad mexicana y latinoamericana, de donde han salido históricamente los Perón y los Velasco, últimamente los Chávez, los Morales, los Kirchner y los López Obrador.

(El lunes: 6. Ilusión y urgencia de la ley).

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