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Nacional La boleada vil al vil presidente de la Corte
Ayer vimos un retrato de la soberbia, vileza degradante de la 4-T, cuando al presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, sus ayudantes le limpiaron los zapatos en la calle, públicamente y él, petulante, lo toleró vergonzosamente
Internacional Juez de EE.UU. prohíbe a ICE utilizar datos tributarios para localizar migrantes
El uso de datos tributarios con fines migratorios podría disuadir a millones de personas de cumplir con sus obligaciones fiscales por temor a represalias
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El mensaje respondió a declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que ya se hablaba con representantes de Cuba
Nacional México amplía diálogo sobre minerales críticos con Canadá, Japón y UE, tras pacto con EE.UU.
"Tendremos un diálogo muy similar sobre minerales críticos con otros países del mundo en los próximos 60 días", indicó Marcelo Ebrard
Nacional Balacera en el Centro de Monterrey deja siete personas lesionadas
Entre los lesionados se encuentran cuatro mujeres de alrededor de 40 años, una menor de 15 años y dos hombres de 45 y 55 años

Hay quien celebra que el diseño democrático mexicano haga prácticamente imposible que ningún partido pueda ganar la mayoría absoluta (50 + 1) en el Congreso.

Otros pensamos que la gobernabilidad de un régimen presidencial depende en gran medida de que haya siempre una mayoría absoluta en el Congreso en manos de un partido, sea del gobierno o sea de la oposición, para que ese partido sea responsable claramente de las decisiones que toma el Congreso en todas las materias.

La fragmentación de partidos y votantes actuales produce casi automáticamente un gobierno débil, con minoría en el Congreso. Y una mayoría difusa en el Congreso, compuesta de tantas fuerzas que ninguna es responsable cabal de lo que ahí se acuerda. La mayoría absoluta de muchos hace irresponsables a todos.

La lógica de la fragmentación ha seguido su curso inexorable en nuestra democracia. Los partidos se rinden cada vez más a la evidencia: si quieren ganar y luego gobernar, no pueden ir solos a las elecciones, tienen que ir en alianzas que les den el triunfo y luego la gobernabilidad. Tienen que construir la mayoría que necesitan antes de las elecciones, no después, como en los regímenes parlamentarios.

Por eso han proliferado en tiempos recientes las llamadas alianzas “antinatura”, entre partidos de historia enconada que se han combatido siempre, y sin embargo se unen oportunistamente para cierta elección.

En el entorno de urgencia de alianzas que padecen todos los partidos —los chicos para fortalecerse, los grandes para no seguir la pendiente cuesta abajo a que los condena el desgaste de sus siglas—, la lógica política de la hora es buscar aliados, construir la mayoría de votos que los partidos necesitan mediante alianzas que les permitan desafiar a partidos mayores y aspirar por igual al triunfo y a la gobernabilidad después de las elecciones.

La gobernabilidad que ofrecen esas alianzas resulta después un infierno desgastante y caro, pero nunca tan desgastante como simplemente perder.

Revisaré mañana algunas de las cifras y las posibles alianzas, naturales y contra natura, que puede depararnos nuestra democracia rumbo a 2018, fecha que parece lejos, pero está cocinándose aquí y ahora, frente a nuestros ojos.

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