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Los expertos ven más creíble la propuesta fiscal de Hillary y alertan sobre la baja de impuestos de Trump.

Más de la mitad de los estadounidenses están a disgusto con la forma en que marcha la economía de su país. Casi 25% de ellos piensa que la economía está muy mal. ¿A quién le extraña que la economía sea uno de los grandes temas en la campaña electoral?

En propuestas económicas, Hillary Clinton y Donald Trump tienen pocas coincidencias pero muy significativas. La apuesta por grandes inversiones en infraestructura es uno de los puntos en común. Sus diagnósticos incluyen un reconocimiento de la obsolescencia de la infraestructura estadounidense y su confianza en que la puesta al día de ella sería un factor que dinamizaría la economía.

En política comercial, son peligrosamente parecidos. Digo peligrosamente porque sus propuestas tienen en común el proteccionismo. Están de acuerdo en el rechazo del Acuerdo Transpacífico, TPP y en el establecimiento de algún tipo de freno al traslado de fábricas de Estados Unidos a otros países. Trump pondría un arancel de 45% a los bienes provenientes de China y 35% a los de México. Clinton ha sido menos consistente en su discurso sobre política comercial, pero poco a poco ha ido tomando posturas cercanas a las que tiene el ala proteccionista del partido demócrata. No habla de tarifas especiales para México o China, pero sí ha ido esbozando su intención de replantear el TLC, sin dar detalles, pero dando a entender que buscaría proteger el empleo manufacturero en Estados Unidos.

La política fiscal es el terreno donde hay más contraste. Donald Trump propone una reducción del impuesto a las corporaciones de 35% actual hasta 15%, que sería uno de los más bajos de la OCDE. En el caso de los impuestos de las personas, propone tasa de 0% para las personas con ingresos menores a los 29,000 dólares anuales y una rebaja de la tasa máxima, de 39 a 33%, aplicable a quienes ganen más de 154,000 dólares al año. Favorece la eliminación del impuesto a las herencias, dejaría sólo un impuesto a montos superiores a los 5 millones de dólares por persona o 9.4 millones por pareja.

Hillary Clinton dejaría los impuestos corporativos en 35 por ciento. Aplicaría una tasa de 0% a quienes ganen menos de 9,275 dólares anuales y manejaría una estructura muy similar a la actual. La tasa crece conforme se incrementa el nivel de ingresos; por ejemplo: quien gana entre 31,000 dólares y 91,000 dólares, paga una tasa de 25%, y los que ganan entre 91,500 y 189,000 dólares, pagan 28 por ciento. La novedad es que crearía una nueva categoría: los que ganan más de 5 millones de dólares anuales. Les aplicaría un impuesto de 43.6%, comparado con 39.6% que ahora pagan.

La propuesta fiscal de Trump gusta a los grupos de bajos ingresos, que tendrían una reducción en sus pagos y lo coloca en una cierta ventaja. Para compensar esto, Hillary Clinton ofrece deducciones para gasto en hijos y hace suya una propuesta de Sanders: educación universitaria gratuita para estudiantes de bajos ingresos. Ésta se financiaría con los ingresos fiscales adicionales.

Los expertos ven más creíble la propuesta fiscal de Clinton y alertan sobre la baja de impuestos de Trump. Unos la toman en serio y sacan cuentas: crearía un agujero fiscal de 950,000 millones de dólares por año. Otros se burlan de ella, “es como juzgar el mérito arquitectónico de un castillo de arena hecho por un niño”, afirman. En broma o en serio, esto es el plan de un candidato que tiene más de 40% de preferencias electorales.