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Cuando en México quebró el sistema bancario mexicano allá por 1995, el gobierno federal salió al rescate de los ahorradores con un mecanismo que tenía el eufemístico nombre de Fondo Bancario de Protección al Ahorro.

Un instrumento de reciente creación en ese momento que pretendía generar un guardadito de la banca y el gobierno para hacer frente a cualquier contingencia financiera. Sólo que la caída fue sistémica y lo que tenía el fondo fue totalmente insuficiente.

El principio rector del rescate bancario fue que ningún ahorrador perdía. Pero en el proceso de rescate de los ahorradores se cometieron abusos enormes que acabaron por beneficiar a muchos banqueros que se sumaron a la lancha salvavidas con créditos relacionados. Fue tan grande la factura que hasta la fecha y por muchas décadas más se seguirá pagando aquel rescate.

Desde entonces se han dado varios rescates bancarios en el mundo. En México se mejoraron los esquemas de capitalización de la nueva banca y se cumple con estándares que todavía se deben mejorar, sobre todo con una larga lista de intermediarios no bancarios.

Pero en esa historia de los rescates bancarios del mundo está a punto de escribirse un nuevo capítulo en el corazón de Europa.

Con la evidente oposición alemana, el gobierno de Italia se prepara para respaldar a su sistema bancario.

La banca italiana enfrenta altos niveles de morosidad en sus carteras crediticias, los ahorradores se ahuyentan por no recibir premios por tener sus recursos guardados en el sistema, los bancos pagan por sus depósitos al banco central, deben mucho y la expectativa de crecimiento es muy baja.

El círculo vicioso se complementa con la pérdida de confianza en la banca de ese país en los mercados, lo que ha implicado un castigo natural al precio de sus acciones. Es un hecho que la banca de ese país está en el punto de quiebre, donde un rescate parece inminente.

La discusión es si el fin de rescatar a la banca de un problema que contagie a otros sistemas bancarios y al resto de la unidad europea justifica los medios de usar recursos de los contribuyentes.

Los alemanes dicen rotundamente que no, que de ninguna manera sería aceptable que el gobierno de Roma tomara dinero de los impuestos para hacer, digamos, un Fobaproini.

Un esquema de bail-in, que pudiera comprometer los ahorros de millones de personas, tiene también un amplio riesgo social de aquellos que vean sus ahorros comprometidos en un proceso de rescate. La desconfianza correría con fuerza hacia todo el sistema financiero italiano y europeo.

Hay que recordar que a la banca italiana ya le han hecho de todo para tratar de recapitalizar y recomponer su situación crítica. Han brincado ya varias crisis, pero parece que está llegando a su límite ese negocio bancario.

No hay una fecha específica para que truene la banca o para que se opte por un modelo de rescate interno o externo de estas instituciones. Lo más cercano a un plazo fatal es el final de las pruebas de estrés que ahora se practican a los bancos de la zona, a finales de este mes.

Siguiente parada: el rescate de la banca italiana - val_int_italia_140716
Foto de El Economista