Minuto a Minuto

Nacional Omar García Harfuch se reúne con Grecia Quiroz
Grecia Quiroz y García Harfuch abordaron temas relacionados con el avance de la investigación del asesinato de Carlos Manzo
Internacional Trump dice que no pedirá disculpas por video que muestra a los Obama como simios
Donald Trump también indicó que no va a despedir a la persona que realizó el video de Barack y Michelle Obama
Deportes Exjugadores de Patriots, molestos con Tom Brady por no apoyar al equipo en Super Bowl LX
Vince Wilfork le recriminó a Tom Brady por sus comentarios y destacó que sus afirmaciones no tienen que relacionarse con la "política"
Internacional “No los ven humanos”: así es el único centro de detención para familias migrantes en EE.UU.
Las condiciones en el centro de detención para migrantes en EE.UU. carecen de atención media y atención infantil adecuada
Internacional Nueva York legaliza muerte asistida con protección adicional y entrará en vigor en julio
Nueva York se sumará a los 13 estados de EE.UU. que permite la muerte asistida, después de que Oregón fuera pionero en 1994

Quien haga un recuento de las emociones que ganaron el brexit, más que de los argumentos que lo perdieron, recobrará la estela de un espíritu de restitución, el sentimiento de estar recobrando algo que se había perdido.

En primer lugar, el control sobre las propias decisiones políticas, sobre el propio territorio, sobre las propias fronteras.

Hay en el brexit una estela emocional de restitución de soberanía frente a decisiones de élites locales insensibles y burócratas europeos caros y distantes.

Tras esta sensación de estar ganando o recobrando lo perdido está, desde luego, la ilusión o la certidumbre de haber sido mejores, de haber empeorado.

Es lo que Timothy Garton Ash ha llamado, en un artículo extraordinario, “el optimismo nostálgico” de los brexiteers, esa convicción de que “hubo un tiempo en que fuimos grandes sin ayuda de nadie, de modo que podemos volver a serlo” (El País, 26/6/16).

El carácter ilusorio, perverso o francamente mentiroso, de los argumentos probrexit , no le quita un ápice de verdad a las emociones que han llevado a la gente a votar por él.

Sorprende la similitud de esta búsqueda de la grandeza perdida de Reino Unido con la que Donald Trump promete cuando dice que quiere volver otra vez grande a Estados Unidos.

Sorprende menos que esta añoranza conecte de inmediato con la noción de unos políticos que han disminuido la herencia y unos extranjeros que medran de la disminución.

El brexit y Trump son nacionalistas y xenófobos porque sienten que los extranjeros les roban lo que alguna vez tuvieron en abundancia y sus gobernantes no supieron defender: empleos, subsidios, seguridades.

Los votantes del brexit y los de Trump se parecen en esto: esperan la restitución de un mundo destruido por la globalización, que puede recobrarse interrumpiendo esta última.

Lo cierto, sin embargo, es que la globalización ha ido mucho más allá de sus sueños. Gran Bretaña no puede sustraerse a ella sin provocar contradicciones más caras que la globalización misma.

Por ejemplo: como consecuencia del brexit, la mismísima Gran Bretaña podría dejar de existir, si Escocia e Irlanda del Norte, como han anunciado, optan por la independencia para permanecer en la Unión Europea.

El hecho histórico, sin embargo, es que las emociones han votado dejando sobre la mesa un mandato político que no puede, en realidad, ni desoírse ni cumplirse.

[email protected]