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¿Por qué cambiar al embajador mexicano en Washington? Miguel Basáñez fue designado apenas en agosto del 2015 y dejará la Embajada más importante de México sin haber completado nueve meses en el cargo. No hay una ruptura con Los Pinos ni un escándalo en puerta. Las razones están a la vista: Basáñez no es el embajador ideal para hacer frente al crecimiento de la influencia de Donald Trump en la vida política de Estados Unidos.

El ascenso del precandidato republicano ha complicado todo. Miguel Basáñez es un académico muy destacado que no tenía experiencia diplomática pero contaba con el aprecio y el apoyo del Presidente Peña. En 2015, el cálculo desde Los Pinos era que Basáñez tendría la oportunidad de vivir su curva de aprendizaje en la Embajada, sin mayores problemas. Tendría más de un año y tres meses para familiarizarse con las tareas del cargo mientras construía relaciones con el equipo que emergiera vencedor en la contienda de noviembre.

En 2016, México no puede darse el lujo de tener un embajador inexperto en Washington. Trump es el personaje de referencia en la campaña electoral. Ha hecho de la fobia anti mexicana un combustible para mover su campaña. Se ha convertido en una amenaza para los intereses mexicanos en América del Norte. Su propuesta de elevar tarifas a los productos que vienen de México acabaría con el TLCAN. La amenaza de deportar a los mexicanos que llegaron ilegalmente a Estados Unidos pone en riesgo a 6 o 7 millones de mexicanos radicados al norte del Río Bravo y a los mexicanos que dependen de ellos al Sur del río.

Ayer, 5 de abril, Ford anuncio una inversión de ‎1,600 millones de dólares en San Luis Potosí. Por primera vez, en mucho tiempo, este anuncio se hizo con sigilo. El ambiente que ha generado Trump en la campaña ha generado temor en empresas como Ford sobre la reacción del público estadounidense ante inversiones en México. El precandidato de la cabellera exótica ha satanizado estas operaciones. Considera una aberración “exportar” empleos manufactureros a México. Utiliza estas inversiones para atraer simpatías de sindicalizados que hacen la cuenta de los empleos manufactureros que se pierden en Estados Unidos. El señor Trump no entiende gran cosa de comercio internacional ni de la integración económica de América del Norte, pero su ignorancia no le impide ganar influencia. El pudor de Ford al presentar su inversión es una señal de los nuevos tiempos.

Miguel Basáñez no era el embajador que México necesitaba para lidiar con la retórica de Trump. No contaba con los contactos en el mundo de los negocios y las instituciones económicas para defender las relaciones comerciales México – Estados Unidos. Tampoco había trabajado a nivel consular, por lo que no tenía la capacidad para mover los resortes en los consulados, ahí donde se tejen las relaciones del servicio exterior con los mexicanos radicados en Estados Unidos.

Lo sustituirá Carlos Sada‎, que ha sido cónsul en Nueva York, Los Angeles y San Antonio; además de Ministro encargado de relaciones con el Congreso de Estados Unidos. Tiene miles de kilómetros de vuelo diplomáticos y un perfil radicalmente diferente al de Basáñez. Carlos Sada tiene todo para ser muy eficaz en la operación consular. Para las relaciones con la comunidad de negocios, contará con el apoyo del nuevo subsecretario para América del Norte, Paulo Carreño King, un gran comunicador institucional que trabajo hasta el 2014 en Banamex y Citigroup.

Sada – Carreño King. La jugada de pizarrón ‎se ve bien en la pared. La cuestión es: ¿Podrán en la cancha con Trump?