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Castigos que daban a los niños en tiempos prehispánicos
Foto de internet

Si pensamos en la Navidad, inevitablemente pensamos en un señor de barba blanca que viaja en trineo y entrega juguetes. Sin embargo,  también se utilizan estas fechas como castigo. El castigo es tremendamente dañino en todos sus aspectos, crea reactividad, miedo, rompe el vínculo familiar, favorece la mentira (por miedo), y no consigue lo que busca sino todo lo contrario.

En épocas navideñas en nuestro país, se recurre al “bien y mal” comportamiento de los más pequeños de la casa para utilizar el castigo con amenazas como “si no te portas bien, los Reyes Magos no van a traerte nada” o “tienes que ser bueno porque Papá Nöel te vigila todo el tiempo”. De este modo, damos una retorcida vuelta a la ilusión del niño, convertimos el premio (que ya era perjudicial) en un castigo, la figura fantástica mágica en una figura amenazante.

Castigos que daban a los niños en tiempos prehispánicos - rabieta
Foto de internet

Esto no es una problemática actual,  y no cabe duda que el hecho de educar a los hijos, ha sido un conflicto para los padres desde siempre, incluso en la época prehispánica. Especialmente para la cultura mexica, la disciplina y el buen comportamiento eran puntos fundamentales, pues consideraban a los hijos como una dádiva de los dioses y quienes darían continuidad al linaje, cosa que era sumamente importante dentro de su cultura.

Como ya sabemos, cuando los pequeños comenzaban a crecer tenían que acudir a la escuela de acuerdo con su extracción social, es decir, los hijos de los nobles acudían al Calmécac, mientras que los vástagos del resto de la población iban a lo que se conocía como Telpochcalli; y era precisamente en esos centros educativos en donde se les ayudaba a los padres a formar a sus hijos; sin embargo, los castigos verdaderos debían ponerlo los progenitores.

Es por eso que los castigos y las sanciones que se daban a los pequeños eran comunes y, sin embargo, si se dieran en nuestros días, serían considerados un delito, debido a la rudeza con la que se llevaban a cabo.

Los niños de esa época sufrían los siguientes castigos:

  1. Untaban hierbas amargas en su boca cuando eran berrinchudos a fin de que dejaran el feo hábito de llorar por todo y sin razón alguna.
  2. Punzaban con espinas de maguey las lenguas de los niños que mentían, pues para el pueblo mexica la capacidad del habla era un don sagrado que las deidades les habían regalado y era el deber de los hombres usarlo de manera correcta y embellecerlo diariamente con el buen decir.
  3. Obligaban a los niños muy problemáticos a aspirar humo de chiles por la nariz al mismo tiempo que este entraba por sus ojos. Este castigo solo se usaba en casos extremos en niños que de verdad parecían no tener remedio…
  4. Amarraban de brazos y piernas a los pequeños y los hacían pasar la noche sobre tierra mojada. El fin era el de corregir su comportamiento, para que el niño comprendiera que los malos actos tienen consecuencias.
  5. Además, les azotaban con hierba de ortiga, una hierba mexicana que crece casi en cualquier lugar y que tiene la particularidad de que quien la toca sentirá mucha comezón en la zona afectada.
  6. Atravesaban espinas de maguey en el cuerpo del niño, si este osaba robar o levantarle la mano a sus padres.

Pero ya sea hace siglos o en la actualidad, la verdad psicológica es que los castigos de los padres, mediante violencia física o verbal, son para el niño un modelo de conducta agresiva. Si el niño vive rodeado de este modelo, estará adquiriendo el hábito de responder agresivamente a las situaciones conflictivas.

Cuando los padres castigan mediante violencia física o verbal se convierten para el niño en modelos de conductas agresivas. Cuando el niño vive rodeado de modelos agresivos, va adquiriendo también comportamientos agresivos.

Octavio Ocampo @ElreporOcampo