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Qué mejor momento que aprovechar la distracción del Mundial para tratar de esconder una modificación crucial en las reglas operativas del Banco de México, una decisión que enciende todas las alertas en los mercados.

Así, calladito, el régimen, acompañado de su brazo monetario –el Banco de México en su integración actual–, publicó el lunes de la semana pasada en el Diario Oficial de la Federación (DOF) una modificación a las reglas del banco central que le permite comprar bonos gubernamentales directamente en el mercado secundario.

Este gobierno ama los eufemismos y en este caso no escatimaron en explicaciones técnicas: una herramienta adicional para la mejor instrumentación de la política monetaria. Sin embargo, en el fondo, parece que esta actual Junta de Gobierno construye una trinchera para proteger a las finanzas nacionales de un escenario catastrófico que el propio régimen, con su irresponsabilidad fiscal, está causando, el cual puede costarle a México la pérdida del grado de inversión.

Cuando este tema empezó a despertar suspicacias entre los analistas, muchos de los defensores del régimen pretendieron explicar que este cambio es, más bien, una medida similar al Quantitative Easing (QE) de la Reserva Federal. Pero hay una diferencia básica en los instrumentos: la Fed inundaba el mercado de dólares para abaratar el crédito y estimular una economía con un pobre desempeño.

Lo que aquí busca el Banxico, como si fuera una oficina más de la Secretaría de Hacienda, no es reactivar la economía, sino ser el comprador de última instancia si el mercado entra en pánico. El deterioro fiscal y el aumento de la deuda cada vez acercan más la posibilidad de que las firmas calificadoras bajen a México del último peldaño del grado de inversión. Si esto ocurre, en ese mismo instante se desataría una ola de ventas masivas en la que los grandes fondos internacionales tendrían que malbaratar sus bonos mexicanos.

Es ahí donde entraría este mecanismo que tan a la callada se publicó en el DOF: Banxico absorbería el impacto, inyectaría liquidez y controlaría de esa forma las tasas de interés para mantenerlas en línea con su nivel de referencia.

¿Es negativo que el Banco de México intente salvar las finanzas nacionales ante tanta negligencia presupuestal del régimen? ¡Por supuesto que no! Sin embargo, el problema radica en la confirmación del mensaje de pérdida de autonomía. El Artículo 28 de la Constitución prohíbe explícitamente al banco central financiar de manera directa al gobierno federal; no puede comprar deuda en el mercado primario para transferir recursos al erario, pero en este cambio recién anunciado, lo haría a través de una ingeniería financiera disfrazada de QE.

Si Banxico compra valores en el mercado secundario es evidente que se trata de una manera de ejercer un financiamiento indirecto. Esto permite al gobierno federal estar confiado, retrasar su corrección fiscal y mantener sus desequilibrios, con la certeza de que el banco central intervendría para mantener cierto costo del dinero y sostener, por la puerta de atrás, una fuente de financiamiento.

Es obligación del régimen recomponer el desorden fiscal que ellos mismos provocaron. No puede ser el Banco de México el paracaídas del populismo que le quite incentivos a la 4T para corregir el desorden macroeconómico en el que ya metieron a México.

El régimen publicó el lunes de la semana pasada en el DOF una modificación a las reglas del banco central que le permite comprar bonos gubernamentales directamente en el mercado secundario.