¿Quién es Omar García Harfuch para que hayan decidido hornear “conchas” con su rostro?
Omar García Harfuch es hijo de Javier García Paniagua, nieto del general Marcelino García Barragán, hermano de Javier García Morales heredero a cargo de la familia, asesinado en Jalisco.
También, es hijo de una famosa actriz de telenovelas, María Sorté.
Policía por vocación, ejerce como enlace fortuito con funcionarios del gobierno de Estados Unidos, como titular de la Secretaría de Seguridad, como el colaborador más cercano, de mayor confianza de la Presidenta de la República.
Quiso ser candidato al gobierno de la CDMX y las huestes “puristas” de MORENA se lo impidieron.
¿Quién es Omar García Harfuch para que hayan decidido hornear “conchas” con su rostro?
Que, además, se volvieron populares. Como las toallas y las sábanas donde imprimieron su torso desnudo, con signos evidentes de muchas horas en el gimnasio. Que nunca han sido retiradas del mercado.
¿Quiere ser candidato presidencial del partido en el poder, donde ignoro si se ha afiliado o desde cuándo? ¿Quiere ser un respetado policía a cargo de la seguridad del país? ¿Pretende ser el más identificado amigo del gobierno que encabeza Trump? ¿O, tal vez, desea incursionar en el mundo de las telenovelas como galán desfasado, como padre de la novia?
Lo que más asombro causa es su permisibilidad a estas manifestaciones tan estilo Televisa, a esta campaña de promoción personal tan ochentera, tan en el estilo de Peña Nieto. Que comenzó con la creación de una página de “seguidores”, de fanáticos (fans) que publican en Twitter fotografías de su ídolo.
¿Y la seriedad? ¿Cómo confiar en un funcionario que se promueve de forma tan obvia, tan corriente?
¿A quién quiere convencer Omar García? Ser popular es requisito para ganar encuestas, según los estatutos de MORENA, pero la verdadera encuesta se da en Palacio Nacional.
¿Ese voto, tan femenino como poderoso, que parece ya tener con toda anticipación, valdrá más que el voto oculto de Palenque?
Los consejeros políticos de García Harfuch lo han metido en un juego muy peligroso, apostando a una popularidad basada en un supuesto físico, porque tampoco es un hombre guapo o joven, dejando de lado sus hechos. Ignorando la necesidad de comunicar lo que hace la dependencia a su cargo.
Aceptando sin conceder que con todo el control que le ha sido otorgado, todos los recursos, todo el poder, ha logrado cambiar la violencia e inseguridad que padecemos. En la realidad, porque ya sabemos que la percepción social sigue siendo contraria. Insisto, concediendo que sea un buen titular de Seguridad, qué necesidad de ponerlo semi desnudo en toallas que se venden junto a los panes con su rostro… qué necesidad.
Don Javier estaría tan enojado.
