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Nada cambia, las mañaneras son el imperio de los “otros datos”, donde se pueden opacar hasta los propios indicadores oficiales del Inegi. Pero lo que resulta lamentable es ver cómo algunos medios se ven obligados a incluir en sus contenidos información evidentemente falsa, como aquella de que México tiene menos desempleo que la mayoría de los países de la OCDE.

En Palacio Nacional, tanto en el ala del despacho presidencial como del lado de la oficina del secretario de Hacienda saben que esas cifras son técnica y socialmente incomparables. Es una narrativa que ya perdió toda credibilidad entre los sectores académicos, financieros y empresariales, que solo sobrevive como un mantra para su clientela política.

Para un público informado o con un poco de sentido común, la tasa de desocupación tradicional es un indicador vacío en la realidad económica mexicana. El parámetro del Inegi para considerar a una persona ocupada es que haya trabajado una hora en la semana de referencia.

En la gran mayoría de los países de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) con los que México se quiere comparar en materia laboral, al estilo de las peras y las manzanas, la desocupación implica la activación de redes de protección social y seguros de desempleo; y se convierte, efectivamente, en una transición estadística.

Pero en México, quien pierde su empleo no se queda en casa esperando un subsidio, sino que sale a vender lo que sea para comer ese mismo día.

Si en México realmente queremos conocer la situación del mercado laboral, no para hacer trampas propagandísticas con las estadísticas, hay que atender la Tasa de Informalidad Laboral y su registro de 54.6% que equivale a 33 millones de personas de la Población Económicamente Activa (PEA) que trabajan sin seguridad social y sin prestaciones.

A esta mitad de la fuerza laboral en México hay que sumar la Tasa de Subocupación, que refleja a 6.2% de la PEA que tienen empleo, pero tienen la necesidad y disponibilidad de trabajar más horas porque sus ingresos actuales no cubren sus necesidades básicas.

Si queremos más datos que nos hablen con crudeza de la condición real del mercado laboral mexicano, hay que atender otro dato publicado también en la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo del Inegi y que es la Tasa de Condiciones Críticas de Ocupación y su 38.4% de diciembre pasado. Esto implica que cuatro de cada 10 trabajadores laboran en condiciones extremas de bajos ingresos y jornadas muy largas; o con horarios breves, pero ingresos ínfimos.

La Tasa de Desocupación de 2.4% tiene su razón de ser y no es simplemente para hacer propaganda u obligar a los medios a actuar como comparsas. Entenderla es comprender que el problema en México no es la falta de “quehacer”, sino la precariedad de lo que se hace. El riesgo de esta narrativa oficial es que la realidad de la calle dicta otra sentencia: en México no sobra el empleo, sobra la necesidad.