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La eventual aplicación de aranceles a China no es solo para aliviar el abultado déficit comercial, México tenía que tomar partido después de que López Obrador pretendió jugar una relación imposible entre dos bloques comerciales antagónicos.

Es una decisión correcta y es una apuesta a mantenerse como una pieza clave del bloque de América del Norte, eso sí, al costo que imponga Donald Trump con la futura renegociación del acuerdo comercial.

Si México hubiera optado por mantener y estrechar los lazos con China, hasta como represalia por la postura comercial radical de Trump habría sido un error. México y Estados Unidos son tan indivisibles como los 3,150 kilómetros de frontera que comparten.

Los chinos saben vender; han mejorado de forma admirable la calidad de sus productos manufacturados, no sólo en su ensamble y calidad de materiales, sino en su tecnología. Pero los chinos no saben comprar, y mucho menos a un país tan lejano, con tales costos de logística y que vive bajo la sombra estadounidense.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador simplemente volteó para otro lado, como lo hizo con tantos otros problemas del país por una razón muy simple: las importaciones masivas y baratas de Asia aumentaban los niveles de consumo de la población que, por lo tanto, se convertían en votantes potenciales para su causa.

Una de las razones por las cuales Donald Trump explotó en contra de México en materia comercial, al inicio de su segundo mandato, fue por el hecho de que nuestro país se convirtió en reetiquetador de muchos productos chinos con fines de exportación al norte, como el acero.

Durante el 2018 el déficit comercial de México con China era de la nada despreciable cantidad de 30,000 millones de dólares, pero a través de esos puertos y porosas aduanas del sexenio pasado, en el 2024 pasaron productos chinos a México que elevaron el desbalance negativo para nuestro país a 120,000 millones de dólares.

Fue un aumento de 299% en el déficit que al gobierno de López Obrador le pasó tan de noche como el huachicol fiscal por los mismos puertos y aduanas.

Ahora el Ministerio de Comercio de China anunció el inicio de una investigación sobre los aranceles y otras medidas restrictivas de México en contra de los productos de ese país.

Tiene todo que ver con los aranceles propuestos por la Secretaría de Economía al Congreso aplicables a los países con los que no tiene México acuerdos comerciales.

La realidad es que el anuncio de la investigación china ni tiró los mercados, ni empeoró las expectativas económicas futuras, pero sí corroboró la motivación de esos eventuales impuestos de importación.

Y la confirmación de esa condicionante del gobierno de Donald Trump a México de elegir su lado de la cancha la aportó el jefe adjunto de la misión de la embajada de Estados Unidos en nuestro país, Mark Johnson, cuando dijo que México debe desempeñar un papel clave para que su país no dependa de China en tecnologías críticas.

México tomó partido, lo hizo por la fuerza, pero lo hizo bien. Ojalá haya una buena respuesta estadounidense y no nos quedemos como el perro de las dos tortas.

Una de las razones por las cuales Donald Trump explotó en contra de México en materia comercial, al inicio de su segundo mandato, fue por el hecho de que nuestro país se convirtió en reetiquetador de muchos productos chinos con fines de exportación al norte, como el acero.