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Ayer vimos un retrato de la soberbia, vileza degradante de la 4-T, cuando al presidente de la Suprema Corte, Hugo Aguilar, sus ayudantes le limpiaron los zapatos en la calle, públicamente y él, petulante, lo toleró vergonzosamente
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El uso de datos tributarios con fines migratorios podría disuadir a millones de personas de cumplir con sus obligaciones fiscales por temor a represalias
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El mensaje respondió a declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump, quien aseguró que ya se hablaba con representantes de Cuba
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"Tendremos un diálogo muy similar sobre minerales críticos con otros países del mundo en los próximos 60 días", indicó Marcelo Ebrard
Nacional Balacera en el Centro de Monterrey deja siete personas lesionadas
Entre los lesionados se encuentran cuatro mujeres de alrededor de 40 años, una menor de 15 años y dos hombres de 45 y 55 años

En una de sus mañaneras, la presidenta Sheinbaum leyó un documento del cura Hidalgo donde no se menciona a Fernando VII. Quería probar así que el cura de Dolores no reivindicó en su rebelión a aquel catastrófico monarca español, derrocado por la invasión napoleónica en 1808.

El hecho de largo alcance es que aquella invasión produjo, en todo el imperio, una ola de rechazos a la legitimidad de la corona, en manos del mariscal invasor José Murat, contra quien el pueblo de Madrid se levantó en armas el 2 de mayo de aquel año.

Las autoridades de los virreinatos y de las capitanías generales de la América española, erigidas en juntas soberanas, desconocieron la legitimidad de la corona intervenida en Madrid y reconocieron la del depuesto Fernando VII.

Este hecho coincidente, se diría telepático, lógico, dada la cultura política hispánica de la época, marcó el inicio de las independencias americanas, desde la Nueva España, que empezaba entonces en la Alta California, hasta la Patagonia, incluyendo los dominios sudamericanos que hoy son Argentina, Uruguay, Paraguay, Bolivia, Chile, Perú, Venezuela y Colombia.

Los reinos de ultramar inconformes con la invasión napoleónica fueron fernandistas. La nueva España también, con el virrey Iturrigaray a la cabeza, en 1808.

La conspiración de Querétaro y la rebelión de Hidalgo en 1810 fueron fernandistas también. Era el humor loco y lógico de la época.

No hay testimonio directo de lo que dijo Hidalgo en su Grito de Dolores. Hay muchas versiones. Las más repetidas, según Fernando Serrano Migallón, que las revisó en El grito de la Independencia, fueron:

1. “Mexicanos: ¡Mueran los gachupines! ¡Muera el mal gobierno! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la América libre! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!”.

2. “Mexicanos: ¡Viva la religión! ¡Viva nuestra Madre Santísima de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII! ¡Viva la América! ¡Muera el mal gobierno!”.

También hay la versión de que Hidalgo dijo: “¡Hijos míos! ¡Únanse conmigo! ¡Ayúdenme a defender la patria! Los gachupines quieren entregarla a los impíos franceses. ¡Se acabó la opresión! ¡Se acabaron los tributos! Al que me siga a caballo le daré un peso; y a los de a pie, un tostón”.

La invocación de Fernando VII acompañó la rebelión de Hidalgo desde el inicio, como consta en las versiones históricas disponibles. Mañana, algunas muestras.