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El desencuentro en el Senado entre su presidente, Gerardo Fernández Noroña y el senador, Alejandro Moreno, es un episodio bochornoso que debe entenderse en un contexto más amplio. El régimen se encierra a sí mismo y cancela las posibilidades naturales para que sus opositores o quienes piensen diferente se expresen. La conducta del presidente del Senado a lo largo de su gestión ofreció claridad sobre el problema: la pérdida de mesura en la conducción de los trabajos legislativos.

Recientemente Fernández Noroña ha estado expuesto a cuestionamiento por la compra de una propiedad difícil de justificar con sus ingresos. Su respuesta airada a los medios ha sido insolente. El problema no solo es el dispendio, el exceso o la incongruencia, en la que también incurren muchos otros factores, como el origen de su patrimonio y sus gastos, asuntos de ética pública y de estética. Lo que trasciende es que, al momento de conducir la clausura de los trabajos de la Comisión Permanente, mantuvo su habitual desempeño, muy ajeno a la seriedad y dignidad que demanda la investidura.

Lo acontecido da oportunidad a revisar la necesidad de una mayor cordura en todos los niveles superiores de autoridad. Se ha vuelto costumbre calumniar, injuriar y mentir. De pronto y sin darnos cuenta, la violencia verbal ya forma parte de la cotidianeidad. A quienes hacen propia la prudencia y mesura se les castiga injustamente. En bien del país debe haber una pausa, un sentido de los límites y que la violencia no sea lo que dé conducción al país y a la política.

La cordura no está reñida con la pasión propia de la lucha política, simplemente, ofrece un mayor cuidado en las formas y un sentido de los límites, justo lo que se ha perdido. En el Senado, la renovación en el liderazgo es una buena oportunidad para recuperar la civilidad propia de la política. Algo semejante deberá de ocurrir en la Cámara de Diputados y, por supuesto y sobre todo, también en todos los espacios de la vida nacional. Lo que se requiere es dejar de lado la rijosidad y que el debate transcurra sin agresiones innobles.

Sería un error reducir el problema a una persona o a un evento. Lo acontecido obliga a reconsiderar el valor de la política como base superior de un razonado entendimiento.