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Los datos del comportamiento económico de Estados Unidos no están realmente como para castigar con el voto a los demócratas.

Pero como siempre, cuando la estridencia populista interviene, no resulta tan difícil hacer enojar a muchos electores que se creen todo lo que escuchan de quien grita más fuerte, aunque tenga claras intensiones personales.

Donald Trump, un hábil demagogo, ubica la gestión económica de Joe Biden como una desgracia, cuando en realidad esta administración ha tenido el gran mérito de sacar a Estados Unidos de una de las peores crisis económicas, la derivada por la pandemia de Covid-19, y controlar una burbuja inflacionaria rápidamente y con pocos costos para el crecimiento.

Ciertamente a Donald Trump le explotó la crisis por la pandemia durante su último año de gobierno y más allá de las críticas por el manejo sanitario, el republicano se dedicó a gastar a manos llenas para tratar de salir rápido de la peor contracción económica desde la Gran Depresión de los años 30 del siglo pasado.

Lo que dejó a su paso fue un descomunal endeudamiento y un trabajo a medias para recuperar la economía. Cuando Biden tomó el poder reencausó mucho del gasto público hacia las clases medias y logró el cometido de que rebotara rápido el Producto Interno Bruto.

Después se gestó una crisis inflacionaria por la ruptura de las cadenas productivas y la enorme liquidez de los programas emergentes, lo que desató algo más que una burbuja, se dio una crisis estructural de precios.

Joe Biden entrega, en estos días previos a las elecciones, una economía que crece a una tasa trimestral anualizada de 2.8% y una inflación general del 2.1%, pegadita al objetivo del banco central. Esto no es más que un éxito rotundo de las Bidenomics.

Sin embargo, la gente no se lo compra. Una encuesta de AP-NORC levantada el mes pasado marca que 62% de los estadounidenses consideran que el estado de la economía es malo.

Un sondeo de YouGov-CBS indica que 53% de los encuestados considera que la economía va por mal camino, contra solo 26% que estima que va por una buena ruta.

Claro que no todo es Donald Trump y sus habilidades incendiarias, hay una realidad social entre la población de aquel país que hace que los datos macroeconómicos pinten bien, mejor de lo esperado, pero que en el hogar y en el bolsillo se cuente otra historia.

Es un hecho, la inflación general se controló, pero los precios de los alimentos se mantienen con presiones, además de que esos incrementos que tuvieron los productos alimenticios, y productos los básicos en general, ya implicaron cambios en los hábitos de muchos hogares. Ya no es lo mismo que antes de la pandemia.

También hay modificaciones en el mercado laboral. Cambiaron los hábitos de consumo, se forzó la tecnologización de muchas actividades que hoy emplean máquinas, no seres humanos.

El crédito está caro y los precios de los combustibles no han dado tregua por las presiones internacionales.

En fin, son muchos factores, pero siempre un solo responsable: el gobernante en turno. Y más cuando enfrente hay un populista, demagogo, mentiroso capaz de lo que sea con tal de hacerse del poder.