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Si un trabajo no quisiera tener el día de hoy es el del secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, ya que tendrá que buscar recursos hasta debajo del más diminuto grano de arena para hacer frente a los compromisos durante el próximo gobierno, ya que a menos que se encuentre una “olla de oro” al final del arcoiris las cosas se van a poner muy difíciles.

El próximo gobierno tendrá que lidiar con una serie de bombas interconectadas, que en caso de estallar pueden hacer volar la endeble economía mexicana. Veamos algunas.

La primera es el manejo del déficit. Especialistas consultados por Bloomberg estiman un déficit fiscal de será 5.2 por ciento del PIB para 2024 y de 3.9 en 2025, por encima de lo proyectado por las autoridades hacendarias. Dicho gasto excedente se destina principalmente a las llamadas obras emblemáticas (una refinería petrolera que no refina, un aeropuerto cuyos usuarios están ahí porque no les queda de otra, a una aerolínea que no era necesaria, y trenes sin terminar) y a programas sociales, es decir a barriles sin fondo.

La única manera de equilibrar un déficit es aumentar los ingresos. Este aumento se puede dar de dos maneras. La primera es haciendo más eficiente el cobro de impuestos y la segunda, contratando más deuda.

Precisamente la deuda y su manejo es la otra bomba que el futuro gobierno debe cuidar para que no le estalle. Al cierre del segundo trimestre, según datos oficiales, la deuda neta del gobierno federal se ubicaba en 13.3 billones de pesos. Fuentes de Hacienda señalan que la deuda es manejable debido a que representa menos del 50% del PIB, incluso afirman que se han hecho pagos anticipados. Debe evitarse a toda costa la tentación de contratar más para evitar volver al círculo de las crisis sexenales

Pemex y la CFE, son dos focos rojos que urge atender. Durante la presente administración ambas “empresas productivas del Estado” se manejaron con criterios “patrioteros” que las han convertido en un lastre.

● Pemex es por mucho la petrolera más endeudada del mundo, mientras que la CFE pasó de ser una entidad sana y con ganancias a presentar pérdidas.

Los programas sociales, bandera de la 4T y la llave que abrió la puerta de la victoria el 2 de junio, pueden ser un problema, ya que año con año, debido a la evolución demográfica se requerirán más recursos para atender el incremento de la demanda.

El panorama económico que enfrentará la siguiente administración hace imprescindible una reingeniería de la forma en que el gobierno gasta nuestro dinero.

El primer paso de esta reingeniería es aumentar la base tributaria, que no quiere decir incrementar impuestos, sino hacer que más mexicanos paguen sus contribuciones y no solamente los contribuyentes cautivos (trabajadores formales y empresarios).

El siguiente paso sería aprender austeros. Sí, leyeron bien queridos lectores, aprender a ser austeros. La austeridad no significa dejar de gastar, sino hacerlo con inteligencia.

Por ejemplo, hay que dejar a un lado proyectos como líneas de trenes (incluido el Maya); aerolíneas que el gobierno no necesita e invertir en salud, seguridad y educación.

También urge dejar dejar de ver a Pemex y a la CFE con una óptica patriotera y comenzar a manejarlas como lo que son, dos empresas vitales para el desarrollo del país.

El siguiente gobierno no debe tener miedo de que ambas entidades se asocien con la iniciativa privada, si con ello se hace más eficiente su funcionamiento.

Pero sobre todo, el futuro gobierno debe ser muy prudente en lo que dice y hace para evitar ahuyentar inversiones. Las inversiones necesitan seguridad, reglas del juego claras. Hacer lo contrario provocaría que salieran volando como golondrinas o que se escondan para buscar nuevas oportunidades en otros horizontes.

Por el bien de México espero que en la siguiente administración el secretario Ramírez de la O tenga un amplio margen de maniobra, de lo contrario vamos a tener, como país severos dolores de cabeza.

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