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El dicho es no confundir peras con manzanas, pero si hablamos de inflación, las dos frutas subieron de precio, junto con el resto del subíndice de frutas y verduras que tuvo un incremento durante la pasada primera quincena de este mes de enero de casi 5 por ciento.

La referencia a los tomates, o jitomates como también les dicen, es sólo para llamar la atención de que tan sólo la quincena pasada subieron su precio más de 25 por ciento. Pero el punto es que los datos inflacionarios están en un momento en el que lo mejor es tener mucho cuidado con la política monetaria.

El más reciente reporte del comportamiento de los precios del Inegi, correspondiente a los primeros quince días de este mes, tiene noticias buenas y malas. Quizá la peor tiene que ver con esas presiones en los precios de los alimentos y como el subíndice de “Alimentos, bebidas y tabaco” se mantiene por arriba de la inflación general en términos anuales.

Es mala noticia que la inflación general, medida en el Índice Nacional de Precios al Consumidor, muestre un repunte que confirma claramente la interrupción del proceso de desinflación que mantuvo hasta el tercer trimestre del año pasado.

Pero es muy buena noticia que la inflación subyacente haya logrado, al menos en esta fotografía quincenal, ubicarse otra vez por debajo de la medición general. Porque más allá de que pueda recuperar su posición natural por debajo de la inflación general, los precios subyacentes sí han mantenido una baja consistente.

Y es aquí donde vale la pena no confundir las peras con las manzanas o los tomates con las tasas de interés.

Si la inflación general sube, por más que la subyacente se mantenga a la baja, quizá no es momento de mandar una señal de relajamiento de la política monetaria.

El desprecio de Palacio no pude ser, para nada, la ignorancia del banco central y harían muy bien en ponerle atención a las palabras del ex gobernador del propio Banco de México, el hoy gerente general del Banco de Pagos Internacionales, Agustín Carstens.

La política monetaria funciona con retardos, dice Carstens, y una baja prematura de las tasas de interés podría provocar que se reaviven las presiones inflacionarias.

Entonces, si en la Junta de Gobierno alguno o algunos de sus integrantes argumentan que el proceso de desinflación en el índice subyacente ya soporta una primera baja en la tasa de interés de referencia tan pronto como la siguiente reunión, podrían reflejar impaciencia dentro del Banxico y una reacción no deseada en los mercados.

Hay un evidente aumento de la inflación general, la estacionalidad el tomate caro escandaliza, y una buena decisión del banco central, de bajar el costo del dinero, pudiera generar una mala lectura que sería contraproducente.

Además, les guste o no a los nacionalistas del régimen, hay que seguir muy de cerca los pasos de la Reserva Federal de Estados Unidos, básicamente porque esta economía vive del dólar y del comercio con ese país.

El Banco de México fue muy oportuno en sus primeros incrementos de la tasa de interés cuando empezaban las presiones inflacionarias, quizá un regreso menos apresurado de ese terreno restrictivo podría darle buenos dividendos.