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El primero que auguró una crisis económica para México en el 2025 fue el propio presidente Andrés Manuel López Obrador. Lo hizo en mayo del año pasado, aunque, claro dijo que si ocurría sería por factores externos.

Decía, y en eso había consenso, que en el 2023 no habría una crisis económico-financiera.

Es más, hoy sabemos que los pronósticos económicos del año pasado fallaron y para bien. Nunca llegó la anticipada recesión y por lo que vemos la economía habría crecido 3.2 por ciento.

Y en términos del manejo de las finanzas públicas, se siguió alimentando la bola de nieve que eventualmente será imparable, pero el año pasado no implicaba todavía ningún riesgo.

La mayor parte del gasto público es de muy mala calidad, pero en el 2023 se conservaron los equilibrios macroeconómicos.

En este 2024, las expectativas de crecimiento se mantienen en el terreno positivo. Los pronósticos apuntan a una desaceleración del Producto Interno Bruto, el consenso se ubica en torno a una expansión ligeramente por arriba de 2 por ciento.

Pero en materia de manejo financiero ya hay focos amarillos encendidos para este año.

López Obrador está volcado a ganar las elecciones al costo que sea y eso incluye, además de demagogia y pasar sobre las leyes electorales, el uso indiscriminado del gasto público.

Además de las grandes cantidades que se tienen que destinar para concluir sus obras faraónicas, porque fallaron las cuentas, hay transferencias desmedidas y sin control de recursos para surtir sus programas asistencialistas.

El resultado será un enorme déficit fiscal y un nivel de endeudamiento que pueden llegar a cuestionar la calidad de grado de inversión que hasta hoy mantiene la economía mexicana.

Esa será la antesala perfecta de un 2025 con muy poco margen de maniobra fiscal que, además, como lo adelantó en mayo pasado el Presidente, se puede complicar por las elecciones de Estados Unidos.

Vamos, no son las elecciones estadounidenses las que implican un peligro económico, es la posibilidad cada vez más real de que Donald Trump regrese a la presidencia de aquel país.

Para México ya tuvimos una probadita de la reedición del efecto Trump tras su triunfo en los caucus de Iowa y la depreciación del peso. La combinación de la herencia de los desequilibrios macroeconómicos de López Obrador con un nuevo mandato de Donald Trump sí puede anticipar una crisis económica para el 2025.

Bastaría con que se aprobara la contrarreforma al sistema de pensiones, como la ha esbozado López Obrador, para garantizar una crisis económico-financiera para el 2025 y toda la siguiente década.

Hasta ahora esa y toda la batería de modificaciones legales que plantea parecen ser simplemente estrategias electorales.

Pero, aun sin esas barbaridades legislativas, sí hay riesgos presupuestales a partir del próximo año, porque los programas asistencialistas del régimen actual están diseñados para tener un crecimiento exponencial y si no se estrena la siguiente administración con una reforma fiscal habrá, o una parálisis de gasto, o una inevitable crisis de deuda.

Así que, es muy válido el pronóstico presidencial de una posible crisis para el 2025, sólo que hay que poner la mira, primero, en los factores internos y después, sin duda, en los efectos que tendría para México un segundo mandato de Donald Trump.