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El presidente López Obrador desarmó la Comisión Nacional de Búsqueda. Inventó luego una cifra de desaparecidos aceptable para su legado histórico. Los redujo, de 111 mil a 12 mil.

Abandonó también la búsqueda de los estudiantes de la normal de Ayotzinapa, desaparecidos en Iguala en noviembre de 2014, y reclama ahora a los familiares defraudados: “¿Qué quieren?, ¿qué buscan?, ¿que me tengan a mí como rehén?” (Carlos Puig, MILENIO 15/1/24).

A cambio de esta negación a reconocer y buscar a los desaparecidos de hoy, el presidente emprendió la búsqueda de un desaparecido, muerto hace más de un siglo, del que hablará en uno de sus esperados libros de historia.

Se trata del antiporfirista tamaulipeco Catarino Erasmo Garza Rodríguez, enterrado al parecer en el archipiélago Bocas del Toro, territorio panameño, hace 129 años.

Nacido cerca de Matamoros, nos informa Carlos Marín, “Catarino vivió en varias ciudades texanas publicando periódicos antiporfiristas. Encabezó una fallida ‘revolución Garza’. Huyó a Costa Rica. Se unió a un grupo de alzados en la guerra civil colombiana de 1895 y el 8 de marzo de ese año, a los 35 de edad, fue muerto al tratar de liberar a prisioneros en la isla Bocas del Toro”. (MILENIO, 15/1/24).

El presidente quiere encontrar y repatriar el cadáver del desaparecido Catarino. Para tales efectos pidió al Senado que le autorice formar una misión militar que vaya a identificarlo en Bocas del Toro.

“La Cámara de Senadores”, respondió el Senado, “concede autorización al Presidente para permitir la salida fuera de los límites del país de una delegación compuesta por 20 elementos de la Sedena, a efecto de que participen en apoyo al personal especialista de la Comisión Nacional de Búsqueda de la Secretaría de Gobernación en los trabajos de excavación arqueológica a realizarse en la Isla de Bocas del Toro, Panamá, en el periodo comprendido del 25 de enero al 7 de marzo de 2024”.

El país desde luego está en ascuas, a la espera de la aparición de Catarino. Su hallazgo inducirá una catarsis nacional equiparable a la del hallazgo de los falsos huesos de Cuauhtémoc, en 1949.

Historia pura.