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En la última edición de Sin Fronteras hicimos un balance semestral de los mercados y el día de hoy nos ocuparemos de hacer un balance de la situación económica en Estados Unidos.

Después de cerrar el 2022 con un crecimiento económico de 2.1% y una inflación de 6.5% –ambas resultaron sorpresas negativas contra lo esperado a principios de ese año– el 2023 inició con la expectativa de una importante desaceleración y la creciente posibilidad de una recesión.

En concreto, el consenso de expectativas al inicio del año pronosticaba un incremento del PIB de apenas 0.4%, incluyendo un crecimiento negativo en la primera mitad del año. Además, la encuesta de especialistas del Wall Street Journal, asignaba una probabilidad de recesión de 65% para los próximos 12 meses, su nivel más alto en 15 años.

Sin embargo, seis meses después de estos pronósticos, nos encontramos ante una realidad muy diferente. En el primer trimestre del año, el PIB registró un crecimiento trimestral anualizado de 2.0% y los pronósticos más recientes para el segundo trimestre apuntan a un crecimiento de 1.9 por ciento.

Por otro lado, la inflación ha mantenido su trayectoria descendente, bajando de 6.5% al cierre del 2022 a 4.0% a mayo –su nivel más bajo en dos años– y la expectativa para el dato de junio que se publica la próxima semana se ubica en 3.9 por ciento.

Aunque la desaceleración económica ha sido mucho menos profunda a lo esperado, el descenso de la inflación ha sido más lento de lo anticipado. El consumo privado se ha mantenido como el principal motor de la actividad económica, impulsado por un mercado laboral en pleno empleo y con más vacantes que desempleados.

Para algunos observadores, la fortaleza del mercado laboral ha sido la principal sorpresa ya que la creación de empleos se ha mantenido muy robusta y la tasa de desempleo está cerca de su nivel mínimo de los últimos cinco años.

Sin embargo, el consumo también ha sido apuntalado por los ahorros acumulados durante la pandemia, cuando los consumidores incrementaron sus ahorros al reducir su gasto y recibir estímulos fiscales por parte del gobierno.

No obstante, los consumidores han estado reduciendo ese colchón, con la tasa de ahorro bajando de un máximo extraordinario de 33.8% en abril del 2020 a 4.6% en mayo de este año, nivel muy inferior al promedio histórico de 8.9% y al promedio de 9% observado durante el 2019.

En este contexto, la Reserva Federal (Fed) se ha visto obligada a mantener su ciclo de alzas, más allá de lo esperado por el mercado a principios de año.

En enero, el mercado anticipaba que la Fed elevaría la tasa, de un rango de 4.25-4.50% al cierre del 2022, a un nivel de 5.0-5.25% durante el 2023. Aunque ese nivel de tasas es idéntico al actual, muchos especialistas anticipaban recortes durante la segunda mitad del año.

Sin embargo, la Fed, lejos de recortar la tasa, ha señalado que está preparada para seguir subiéndola, y el mercado ya tiene incorporado dos aumentos adicionales de un cuarto de punto cada uno, lo cual la dejaría en un rango de 5.50-5.75 por ciento.

Ante esta situación, hay algunos especialistas que consideran que el escenario de recesión simplemente se pospuso hasta finales de este año, mientras que del otro lado están quienes piensan que el escenario de recesión está totalmente cancelado.

No obstante, en lo que sí parecen estar de acuerdo es que habrá una desaceleración en la segunda mitad del año como consecuencia del endurecimiento de las condiciones financieras.

Dependiendo de la profundidad y duración de dicha desaceleración, la Fed podría comenzar un ciclo de bajas en la tasa de interés durante la primera mitad del 2024.