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Fue un divorcio de 6,000 millones de dólares. La foto oficial con AMLO, Rogelio Ramírez de la O e Ignacio Sánchez Galán, CEO de Iberdrola, quiere sugerir cordialidad, pero la realidad es otra: la relación es mala. Estamos ante la foto de un matrimonio que acaba de firmar la separación.

AMLO tiene una lista de agravios. Iberdrola colecciona los suyos. El presidente mexicano nunca le perdonó a la multinacional española que hubiera contratado a Felipe Calderón como consejero. Además, está más que enojado con la forma en que el gigante eléctrico se aprovechó de la figura de autoabasto para generar ganancias extraordinarias con la venta de energía a sus “socios” en el autoabasto.

El coraje presidencial se convirtió en una multa de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) por 9,000 millones de pesos en 2022 y en la negativa a otorgar facilidades administrativas, por parte del Centro Nacional de Control Eléctrico y la CRE: permisos de conexión a plantas terminadas o autorización para funcionar bajo el esquema del Mercado Eléctrico Mayorista.

Iberdrola llegó a México atraído por las posibilidades que ofrecía la reforma eléctrica que impulsó Ernesto Zedillo. Creció en los sexenios de Fox, Calderón y Peña. Invirtió en serio y convirtió a México en uno de los mercados clave dentro de una agresiva estrategia de expansión internacional. Se convirtió en el mayor productor privado de electricidad de México, con una participación de mercado de alrededor del 20% (comparado con 39% de CFE).

Con la llegada de AMLO, se acabó el México Lindo y Querido para la firma española. En la mañanera fue criticada varias veces. En las oficinas gubernamentales no encontró facilidades y desde la CFE hubo reclamos y acusaciones de malas prácticas. En la narrativa impulsada por Manuel Bartlett, la debilidad financiera y operativa de CFE fue causada por los abusos de algunos particulares, Iberdrola a la cabeza de ellos.

La empresa española trató de defender su causa con cabilderos y abogados, pero no consiguió casi nada. Le ayudó poco el Tratado de Libre Comercio de México con la Unión Europea, que tiene menos obligaciones para México, en el sector energético que el T-MEC. A partir del segundo año de este sexenio metieron freno a las inversiones. México se salió del corazón de la eléctrica española. La prueba más contundente de ello es que México quedó fuera del ambicioso plan de inversiones 2023-2025. De 47,000 millones de euros, no había casi nada para México. Mientras que Estados Unidos recibiría alrededor de 23,000 millones. “Este país acaba de anunciar un ambicioso programa de lucha contra el cambio climático y además ofrece la certeza jurídica y la seguridad regulatoria que requieren nuestros inversores”, dijo el año pasado Enrique Alba, director general de Iberdrola en México.

El frenón a las inversiones se complementó con la búsqueda de opciones de salida. El proceso comenzó hace al menos un par de años. La realidad es que México había ofrecido varios años de buenas ganancias, pero los años de grandes vacas gordas se habían terminado. Ahora hay vacas más flacas y hay que ordeñarlas en tribunales. No parecía fácil encontrar un comprador para activos valuados en miles de millones de dólares. Estamos hablando de un país donde hay dos leyes energéticas, una de 2014 que es favorable al sector privado y otra de 2021, hostil a la inversión privada, que no se puede aplicar porque hay amparos de particulares que han llegado a la Suprema Corte de Justicia.

Basta de historia. Vayamos al acuerdo anunciado ayer. Iberdrola vende 13 plantas que equivalen a más de 80% de su capacidad de generación en México. El comprador será el Fondo Nacional de Infraestructura, que depende de la Secretaría de Hacienda. La operación de las plantas quedará a cargo de la CFE, que ampliará su participación de mercado desde el 39 hasta cerca del 55%. No queda muy claro que papel jugará en la operación un fondo privado llamado Mexican Infraestructure Partners. El monto de la operación será cercano a los 6,000 millones de dólares. No significará deuda adicional para CFE, que será una especie de arrendador de las 13 plantas. AMLO celebra la operación y la llama una renacionalización de la industria eléctrica.

Antes de celebrar, nos queda por encontrar la respuesta a algunas dudas razonables, ¿qué tan eficiente será la CFE en el manejo de las plantas adquiridas? ¿Podremos evitar que se vuelva un caldero de números rojos? ¿Qué efecto tendrá esta desinversión de Iberdrola en el apetito de otras empresas privadas por invertir… ¿México es un gran mercado y necesita miles de millones de dólares de inversiones en el sector eléctrico? ¿Qué pasará con las plantas de Iberdrola que no vendió? Luego de este gran divorcio, habrá recalentado. Mientras, ¿quién se quedará con el perro?