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Ahora que los analistas ven las gráficas de exposición del Silicon Valley Bank (SVB) todos llegan a la misma conclusión de que era inevitable que este banco, el décimo sexto del sistema estadounidense, acabara derrumbándose como lo hizo.

Claro, a toro pasado es muy sencillo pronosticar catástrofes, pero lo cierto es que se había dado esa combinación entre una regulación más laxa de las entidades financieras y cambios drásticos en las condiciones del mercado ante la respuesta radical de la política monetaria de la Reserva Federal.

SVB no es Lehman Brothers, que marcó el banderazo de salida de la gran recesión del 2009, pero tampoco es un pequeño banco que marque sólo una anécdota en el sistema financiero estadounidense.

Lo primero que queda claro es que la avaricia puede más que la experiencia. Fue apenas el 15 de septiembre del 2008 cuando quebró Lehman Brothers y trajo consigo, además de la crisis, una serie de cambios regulatorios que endurecieron las reglas de capitalización y de operación bancarias.

En tiempos de Barack Obama se apretó de más la regulación bancaria con la Volcker Rule, pero con Donald Trump se volvieron a soltar las amarras, en junio del 2018, con el Dodd-Frank Act.

El punto es que hoy, un banco del tamaño del SVB cometió un pecado capital que cambió el momento financiero del mundo de como lo apreciábamos todavía hasta la semana pasada.

La primera consecuencia es el exceso de precaución, llegando al pánico, que hace que los capitales vuelen al nido de los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Un refugio que no está nada mal para los tiempos turbulentos con una tasa de interés de 4.75. por ciento

El mensaje de ayer por la mañana, previo a la apertura de los mercados, del presidente de Estados Unidos, Joe Biden, sí relajó un poco las tensiones, pero no había ya manera de recomponer lo que ahora ya se rompió en los equilibrios de los mercados.

Para verlo en términos cercanos. El peso que apenas el jueves se cotizaba en 17.90 por dólar llegó ayer a 19.04, una depreciación de más de 6% en un fin de semana, lo que hizo al peso la moneda más depreciada del mundo.

Además de que la depreciación deja en ridículo a los que presumen la fortaleza del peso como un logro de gobierno, cambia los equilibrios del nivel de riesgo que están dispuestos a aceptar los inversionistas.

Hay mayor atención a los fundamentales de la economía y pone en riesgo a los países que dejan ver cierta indisciplina fiscal, como lo empieza a ser México.

Esta sacudida financiera puede hacer que la Reserva Federal se replantee sus objetivos monetarios. Y si bien no cambiaría el discurso de intolerancia con la alta inflación, podría moderar sus incrementos a las tasas de interés y eso cambia las señales para los mercados.

Este momento financiero desatado por el SVB ha traspasado la responsabilidad de la estabilidad de los mercados que tenían casi de manera exclusiva los bancos centrales a las autoridades fiscales, que tienen que probar que sus regulaciones bancarias son sólidas y que las propias finanzas públicas de los países son resistentes en estos momentos de pánico y vuelo a la calidad.