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Como siempre, el presidente mexicano desempolvó un viejo argumento ideológico para empezar su encuentro con sus pares de América del Norte y reclamó al presidente de Estados Unidos lo que calificó como abandono y desdén a América Latina.

La respuesta de Joe Biden sí giró en torno a las decenas de miles de millones de dólares que Estados Unidos ha gastado en la región, pero lo más destacado fue esa bofetada con guante blanco, llena de diplomacia y con un mensaje directo.

Biden le dijo a Andrés Manuel López Obrador que lo felicita por apoyar y construir instituciones democráticas en el hemisferio. Así, suavecito, se lo dijo al presidente que busca desaparecer las instituciones electorales y quedarse con el control de las votaciones.

Mientras tanto, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, tendrá hoy la oportunidad de tener el encuentro bilateral con López Obrador y, a reserva de ver qué discurso saca del cajón el mandatario mexicano, el premier canadiense ya adelantó que una de sus prioridades es hablar del respeto a los acuerdos comerciales en materia energética.

Los comunicados conjuntos de una cumbre de los tres mandatarios de América del Norte como la de ayer, y las bilaterales que hoy concluyen, suelen estar cargados de ese lenguaje diplomático que deje ver buena voluntad en el avance de sus respectivas agendas. No más.

Lo que está claro es que una vez pasada esta esperada cumbre Biden-López-Trudeau lo que sigue es que se empiecen a destrabar los temas pendientes.

Y puede ser tan pronto como esta semana que finalmente haya un anuncio público sobre la resolución del panel de controversias que México y Canadá pidieron en el marco del T-MEC sobre las reglas de origen de la industria automotriz impuestas por Estados Unidos.

Es muy probable que el fallo sea en contra de la visión nacionalista del gobierno estadounidense y que se apunten un triunfo los otros dos socios norteamericanos, lo que va a generar reacciones fuertes en Estados Unidos que necesitarán respuestas políticas inmediatas.

Así que tampoco es difícil anticipar que ya se precipite una resolución final tras las consultas por las quejas de Estados Unidos y Canadá por las violaciones del gobierno mexicano a las reglas del T-MEC en materia energética.

Desde julio del año pasado fueron solicitadas estas consultas y en el camino México cambió de equipo negociador, mismo que después perdió las preguntas y ganó tiempo… hasta hoy.

Se acabó la cumbre y lo que sigue es que el gobierno mexicano diga si va a respetar o no lo que dice la propia Constitución mexicana y el T-MEC o bien si inicia un panel de solución de controversias que claramente va a perder México.

El tiempo para escuchar las arengas ideológicas y las choteadas referencias a Roosevelt y Benito Juárez ya quedó atrás en la cumbre de América del Norte de ayer. Hoy toca administrar una relación trilateral que tiene reglas y una de las relaciones comerciales más dinámicas del mundo.

Y así como la resolución del panel automotriz no va a gustar a Estados Unidos, el régimen de López Obrador tiene que respetar las reglas en materia energética del acuerdo trilateral, aunque no le guste.