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Exceso de mortalidad por COVID-19 es tres veces más de lo estimado
En la imagen de archivo, un paciente es tratado en la Unidad de Cuidados Intensivos del Policlínico di Tor Vergata en Roma, Italia. Foto de EFE/EPA/GIUSEPPE LAMI

Entre 2020 y 2021 se produjeron unos 14.83 millones de muertes asociadas al COVID-19 en todo el mundo, una estimación casi tres veces mayor que el número de fallecimientos previamente informado por esta misma enfermedad.

Estas estimaciones, a partir de una modelización matemática, son de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y están recogidas en un artículo que se publica este miércoles en la revista Nature.

El exceso de mortalidad es la diferencia entre el número total de muertes estimado para un lugar y un periodo y la cantidad de fallecimientos que habría cabido esperar en ausencia de una crisis, en este caso la pandemia de COVID-19.

Para este cálculo se consideran tanto las muertes atribuibles directamente a la enfermedad como por su impacto en el sistema de salud y la sociedad.

El estudio concluye que el COVID-19 ha sido responsable de entre 13.3 y 16.6 (muy probablemente 14.83) millones de muertes en exceso en todo el mundo, es decir, 2.74 veces más muertes que los 5.42 millones notificados anteriormente.

El exceso de mortalidad fue de 4.47 millones en 2020 y de 10.36 millones en 2021.

Los autores del estudio indican que algunos factores han dificultado la evaluación del efecto total de esta enfermedad en la población mundial.

Entre esas condicionantes apuntan las variaciones en el acceso a las pruebas; las diferencias en la capacidad de diagnóstico; las variaciones en la notificación de la causa de muerte y la certificación incoherente de COVID-19 como causa de muerte.

El equipo, liderado por William Msemburi, de la OMS, calculó el exceso de muertes, es decir, la comparación entre los datos de mortalidad de 2020 y 2021 con el número de muertes que se habrían esperado si no se hubiera producido la pandemia.

Para ello usaron un modelo matemático que permitió predecir las muertes esperadas, así como inferir la mortalidad de 2020-2021 para aquellos países con datos incompletos o inexistentes.

El estudio indica que solo cien países del mundo (52 por ciento) disponían de datos detallados y completos sobre mortalidad.

La revista explica que el exceso de mortalidad tiene en cuenta tanto el número total de muertes atribuidas directamente al virus como el impacto indirecto, incluyendo la interrupción de los servicios sanitarios esenciales o las alteraciones en los viajes.

Más allá de lo que se atribuye directamente al COVID-19, la pandemia también ha causado grandes daños colaterales que han provocado profundas pérdidas de medios de subsistencia y de vidas.

Debido a la modelización estadística necesaria para extraer estas conclusiones, los autores aconsejan interpretar algunas de estas estimaciones con cautela.

En un artículo de apoyo que acompaña al estudio, Enrique Acosta del español Centro de Estudios Demográficos, destacó que cuatro de cada cinco muertes excesivas se produjeron en países de renta media, y algunos de los más afectados fueron los de América Latina.

La complejidad de estimar el efecto de la pandemia en la mortalidad mundial subraya la urgente necesidad de construir sistemas robustos y centralizados que permitan un seguimiento en tiempo real de la mortalidad mundial, escribe Acosta.

La construcción de tales sistemas -recuerda- “requerirá considerables esfuerzos globales para reforzar los sistemas de registro civil y estadísticas cruciales en todo el mundo, especialmente en los países de ingresos bajos y medios. Pero, una vez construidos, servirán de alerta temprana esencial para futuras pandemias y crisis sanitarias”.

Con información de EFE