Minuto a Minuto

Internacional Japón va por impulsar su industria militar; abordará “nuevas formas de combate” con IA
El informe anual publicado por el Ministerio de Defensa japonés señala que la producción de equipos militares en el propio archipiélago es una parte "prácticamente integral de la propia capacidad de defensa"
Ciencia y Tecnología Ticketmaster cumple 35 años en México acelerando su transformación tecnológica
Ticketmaster apuesta por inteligencia artificial, analítica de datos y SafeTix para transformar la experiencia del entretenimiento en vivo
Internacional Los incendios se intensifican en noroeste de EE.UU.: Oregón rompe récord de área quemada
Oregón ha contabilizado más de mil 300 incendios en lo que va de año, cuando aún faltan tres meses de la temporada de incendios
Ciencia y Tecnología El primer mouse plegable que cabe en tu bolsillo
Logitech presentó Mobi Fold, su primer mouse plegable ultra portátil para trabajar desde cualquier lugar
Deportes ‘Vozinha’ firma contrato con Colo Colo
El contrato es de seis meses, con la posibilidad de renovación por doce más hasta 2027, por el que recibirá 30 mil dólares mensuales

En la montaña rusa que es por momentos el curso de las alianzas en la oposición, ayer el carrito pareció caer en una recta convergente. Me refiero al rechazo unido del PAN, PRI, PRD y MC a la propuesta de reforma electoral constitucional del gobierno y sus bancadas. El rechazo fue un eco legislativo de la gran marcha ciudadana del 13 de noviembre centrada en la defensa de la integridad del Instituto Nacional Electoral.

La convergencia de la oposición en esta postura derrota la reforma constitucional del gobierno en la materia, como había derrotado antes su propuesta de reforma constitucional eléctrica.

El acuerdo político de la oposición había quedado fracturado de la peor manera cuando, hace unas semanas, el PRI rompió las filas de la moratoria constitucional e introdujo una grieta en ella, dando al gobierno un atajo para prolongar las condiciones de militarización del país.

El PRI encontró el atajo, lo propuso y votó por él, rasgando la confianza y rompiendo los tratos hasta entonces estables, aunque siempre acechados por la desconfianza, con sus aliados electorales de 2021.

No sé si la nueva convergencia de ayer basta para reparar la confianza destruida en el anterior giro de la montaña rusa. Es posible que baste al menos para que los dirigentes de la alianza opositora vuelvan a instalar una mesa de conversación y negociación rumbo a las batallas electorales que les esperan adelante.

Es ya un lugar común, una evidencia que se impone aún a los más escépticos observadores, que las elecciones por venir, en 2023 y en 2024, no serán competidas si la oposición no acude unida a ellas.

Casi fatalmente, el oficialismo ganará si sus opositores acuden fragmentados a las urnas. Por el contrario, si acuden unidos, el proyecto de continuismo del gobierno puede perder.

Y si la unión de las oposiciones incluye a Movimiento Ciudadano, casi seguramente las oposiciones ganarán.

Los partidos de la oposición aislados no pueden ofrecer una opción de triunfo a la ciudadanía, ni a sus candidatos. Su verdadera elección política está entre poder ganar unidos o ser irrelevantes separados. La pelota, si la toman, está otra vez en su cancha.