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No es la mejor idea para los candidatos del oficialismo asumir que el relativo teflón del que goza el Presidente se les transmite sin pérdida. Y que pueden permitirse desplantes y desfiguros como los que su jefe prodiga en sus conferencias mañaneras, sin pagar por ellos en la opinión pública y en la cosecha de simpatía, credibilidad y votantes.

El teflón del Presidente, el hecho de que parezca resbalársele todo, es una anomalía personal, pero no es tan impenetrable como parece. De hecho tiene varias muescas visibles, que los encuestadores, sus partidarios y hasta sus críticos suelen ignorar, repitiendo que haga lo que haga no baja su nivel de aprobación.

Lo cierto es que se han movido a la baja, y mucho, otros indicadores de rechazo en temas claves de gobierno como seguridad, crecimiento, pobreza y corrupción.

Al punto de que, siguiendo las mismas encuestas, podría decirse que tenemos un gobierno reprobado y un presidente que no. Nadie en su sano juicio puede imaginarse a los precandidatos del oficialismo refrendando con su carisma personal esta suerte de persuasión esquizofrénica, donde un gobierno es reprobado y su gobernante no. Los precandidatos de López Obrador parecen más bien capaces de diluir sus ventajas.

Prueban todos los días que están ahí sólo porque los puso el presidente. Mal imitan a su destapador en exabruptos verbales y abusos publicitarios, pensando que la opinión pública disculpará esos excesos como se los disculpa a su protector.

Creo que se equivocan, que los votantes no les perdonan a ellos lo que al dueño del teflón, porque el Presidente, por definición, juega en otra liga.

El Presidente está construyendo a brazo partido una elección de Estado con todos los agravantes, como no habíamos visto otra.

Trata de suprimir al árbitro de la competencia, y a la competencia misma, para imponer como triunfador a su candidata/candidato, pase lo que pase. Hará mucho en ese camino, pero, aún así, por mucho que haga, su candidata/candidato tiene que ganar las elecciones, construir su propia cocina y su propio teflón.

Viéndolos hacer locuritas de campaña lo que uno percibe es que los tefloneros de repuesto no tienen otro propósito de campaña que complacer al dueño del teflón. Suerte con eso.