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No hay peor cosa que perder la cabeza, pero peor aún ver como rueda.

El episodio que vivió Miguel “El Piojo” Herrera es para la anécdota, para el chisme y el morbo –o más aún para defender el ejercicio de la libre expresión-, pero encierra en sí mismo una de las grandes tentaciones que circunda en la mente de mucha gente pública y aún de empresas que se enfrentan a los medios periodísticos: devolver con insultos o amenazas el desacuerdo sobre los comentarios y las críticas que hacen periodistas o conductores.

“El Piojo” usó más de una vez el micrófono para expresar, con groserías, su malestar por las críticas en una especie de tú a tú.

Hay hartazgo de muchas personalidades acerca de sentirse obligados a dar entrevistas y más aún cuando hay situaciones críticas.

“A mí me pregunta eso un reportero y le rompo su madre”, dijo furibundo un empresario-político durante un ejercicio para preparación de voceros. Otro, un abogado con un caso complicado -también para su fortuna en una práctica-, enrojeció y soltó un manotazo en el escritorio gritando “yaaaaaaa” por la presión que sentía.

Cuando se es figura pública hay que aguantar todo, toda la presión, máxime si hubo errores de por medio o acciones inexplicables como la de “El Piojo” y su hija. Ni modos, el piso y la cancha no es pareja: la crítica acre y hasta burlona de Martinoli tampoco podría justificarse pero así es el juego de la relación con los medios de prensa.

El hubiera no existe, dijo Decio de María, presidente de la Federación Mexicana de Fútbol. Y en el hubiera, lo mejor que hubiera hecho Herrera es reconocer su exabrupto, pedir una disculpa pública y hacer las paces con Martinoli argumentando que la pasión futbolera enciende corazones y retuerce vísceras hasta el punto de hacer perder la razón.

Herrera no sólo ha quedado más maltrecho en su reputación rijosa y su imagen arrogante, sino que su verdadera crisis es haber perdido el empleo de seleccionador y entrenador pero en especial la afectación de su patrimonio.

¿Cuántos millones de pesos perderá Herrera por toda la publicidad que se genera alrededor de su figura? ¿Sus patrocinadores y anunciantes lo seguirán sosteniendo? Chiapas, la telefónica, la empresa de bebidas y toda la suerte de empresas que anclaron sus promociones a “El Piojo”.

Un golpe al cuello de Martinoli y la cachetada de su hija a Luis García han salido demasiado caras.

El ejemplo sirve para entender la dinámica de muchas personalidades y empresas que siguen sin entender que la relación con los medios periodísticos es de estrategia, aguante y conciliación permanente.

Casos hay muchos al respecto en el mundo de los negocios y la política.

La arrogancia, el desdén, la amenaza y hasta el ataque de nada sirven para tratar de cambiar las cosas y las opiniones en los medios y menos aún en las redes sociales donde los comentarios de Martinoli pudieran ser tersos respecto a los tuitazos y postazos que por cientos escriben los fans y detractores.

Perdió la cabeza Herrera, que sirva de lección. Y literalmente la vio rodar hacia un abismo donde su declive apenas empieza.

Postscriptum.- Gracias Piojo habrán dicho más de uno de los generadores de la agenda setting.