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La oposición debería estar agradecida con la claridad del presidente: en la Mañanera dijo que, cuando entregue el poder, dejará a los militares sus obras preferidas, porque si se las deja a los civiles se las arrebatan. ¿Saben? Ni Fidel Castro fue tan claro.

Dijo que habrá empresas militares a cargo de los nuevos aeropuertos y Tren Maya, y puertos y trenes del Istmo. “Si los dejo en el SCT o FONATUR, se los quitan; pero si están en SEDENA para pagar pensiones militares, les costará trabajo quitárselas a ellos”.

Va que vuela la militarización, de cuyo peligro advirtió el presidente siendo un opositor derrotado en dos campañas. Su propio partido azuzaba en la campaña que finalmente le dio el poder: “Militarización del país, la puerta para instaurar el fascismo”.

Ya afincado en la presidencia, con pocos contrapesos institucionales y hecho del control de los medios, la narrativa del presidente y de su partido ya no es que la militarización sea fascismo: ahora es que el Ejército es “el pueblo uniformado”.

Encarrerado, decreta que los 114 mil efectivos de la Guardia Nacional dependan del Ejército, con lo cual los militares acaparan el 15 por ciento del Presupuesto de México, además de tener el control de 26 instituciones civiles.

Sólo SEDENA maneja la industria de los medicamentos, administra los aeropuertos civiles, aduanas, y construye las obras preferidas del presidente. Esas ganancias son aparte de los 770 mil millones de pesos que recibe de nuestros impuestos.

Y la Marina construye el Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, con un presupuesto, sólo de arranque, de 120 mil millones de pesos. Explica el presidente: “Los puertos y los trenes del Istmo los manejará una compañía vinculada a la Marina”.

La verdad es que hasta la ONU se fue con la finta del presidente antimilitarista, como mascota detrás de la croqueta. Porque el número 52 de los famosos 100 Compromisos de la toma de posesión del mandatario dice:

Los contratos de obra del gobierno se llevarán a cabo con la participación de ciudadanos y de observadores de la ONU.

Sin embargo, no le preguntó a la ONU ni a los ciudadanos por el AIFA, Dos Bocas o el Tren Maya. Al contrario, la ONU ya instó a México a abandonar “de inmediato” la militarización, porque la estrategia de Abrazos no Balazos es “insuficiente e inadecuada”.

Pero el presidente es duro. Se llevó a Cuba a los secretarios de Defensa, Luis Cresencio Sandoval, y de Marina, José Rafael Ojeda, para que allá les explicaran bien cómo en eso de recibir las obras del Estado y no se las dejen quitar.

El presidente y los militares construyen un Estado dentro del Estado.

Un huevo de serpiente.