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Según Gilberto Guevara Niebla, el autor secreto de la deconstrucción educativa en que se empeña el gobierno federal es Paulo Freire, un talentoso, elocuente y disparatado autor brasileño, padre de la llamada “pedagogía crítica” (https://bit.ly/3IhR8Rd).

Freire se retrató a sí mismo en una línea. Le preguntó un periodista: “¿Es usted pedagogo?”.

Respondió sin vacilar: “No, nunca he sido un pedagogo. Soy, siempre he sido, un político”. Lo que parió, en consecuencia, fue una teoría pedagógica cuyo axioma es que “toda educación es política”.

La propuesta política de Freire es que la educación debe orientarse a “liberar al pueblo oprimido”, razón por la cual debe darse “fuera del Estado”, precisamente en “las comunidades que habitan los oprimidos”.

Los ecos de esta tautología abundan en los desfiladeros conceptuales de los autores de la deconstrucción educativa emprendida por la SEP.

Pedagogía del oprimido llamó Freire a su libro canónico donde reunió cualquier cantidad de fórmulas maniqueas, entre las cuales Guevara subraya tres:

1. La sociedad se divide entre fuerzas opuestas: los opresores y los oprimidos.

2. La pedagogía del oprimido busca concientizar a los oprimidos para que se incorporen a la lucha contra la opresión.

3. La educación escolar es, sin excepción, una educación que funciona a favor de la opresión y se opone a la liberación.

Como hija de los intereses de los opresores, dice Freire, la educación escolar fomenta el egoísmo, inculca en los estudiantes visiones que perpetúan los mitos de la dominación y las conductas sumisas ante los opresores.

Añádase al batido maniqueo de Freire los lugares comunes de la llamada Cuarta Transformación y tendremos el diagrama, también maniqueo, con que el actual gobierno ha emprendido su cambio educativo de México.

Hay aquí una variante de “educación política”, contraria a la tradición humanista, liberal, científica, racionalista y laica que ha sedimentado la historia de la educación pública mexicana.

En algo fundamental desoyen a Freire los hojalateros educativos de la llamada 4T.

No quieren impartir la educación política liberadora “por fuera del Estado”, como indica Freire, sino desde su mismo centro, torciendo la burocracia, los presupuestos, las escuelas y los maestros del Estado.

Quieren imponerse desde el Estado, no educar desde la sociedad.