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El Gabinete de Seguridad federal informó de cuatro operativos llevados a cabo en diferentes zonas de Sinaloa
Nacional Incendian ring de boxeo en Hermosillo, Sonora, previo a evento de influencers
Sujetos armados armados irrumpieron en el Centro de Usos Múltiples (CUM) de Hermosillo, Sonora, para incendiar el ring
Nacional México detecta trámites de más de 40 mil personas luego de ser reportadas como desaparecidas
Segob aclaró que esto no implica que una persona haya sido localizada; las autoridades deberán verificar cada coincidencia
Internacional EE.UU. y Ecuador destruyen embarcación ligada a Los Choneros en el Pacífico
La embarcación estaba sancionada por EE.UU y, según autoridades, operaba para Los Choneros, grupo ecuatoriano señalado como narcoterrorista
Ciencia y Tecnología Todo listo para el lanzamiento del telescopio Roman, capaz de observar 2 mil galaxias
El telescopio Nancy Grace Roman estudiará más de 2 mil galaxias para medir la expansión del universo y descubrir nuevos exoplanetas

Como tantos otros nudos de nuestra memoria colectiva, la historia del antimperialismo, antigringuismo o antiyanquismo mexicano, que salió un poco del closet en la jornada oficial de amistad con Rusia, tiene los cables cruzados. La guerra de 1847 es una gran herida fundadora, pero tuvo rápidas cicatrizaciones políticas y diplomáticas, como la ayuda de Lincoln en la guerra de Juárez contra Maximiliano y la convergencia económica de la era porfiriana.

El golpe de Estado a Madero, orquestado por la embajada estadunidense en Ciudad de México, es otra cicatriz, lo mismo que las leyes nacionalistas de la Constitución de 1917 que desembocaron en la expropiación petrolera de 1938, asunto que Estados Unidos toleró, relativamente, porque se anunciaba ya en el mundo la Segunda Guerra, y Washington necesitaba un continente unido y un vecino aliado, confiable en todos los órdenes.

Mientras en los cines el antigringuismo mexicano aplaudía los desfiles militares nazis, los gobiernos pactaban una alianza militar y de seguridad con EU que dura hasta hoy. Tan quedaron olvidadas las heridas previas, que el responsable militar de la alianza fue el mismísimo expropiador del petróleo, Lázaro Cárdenas, nombrado secretario de Guerra por el presidente Ávila Camacho, en 1940. La alianza fue benéfica para ambos países, pero tuvo un invitado clave: el fomento de los frentes antifascistas en el mundo, que permitió a México mantener una buena relación con la URSS, “de Revolución a Revolución”.

Las simpatías diplomáticas y los coqueteos ideológicos hacia la URSS no eran vistos como amenazas para EU o para la seguridad continental. Eran zonas de coincidencias útiles, en el cuadro más amplio de la colaboración en la guerra contra el Eje. Fue la época de oro del comunismo en México y de Vicente Lombardo Toledano, celebridad prosoviética por excelencia de la historia mexicana, líder sindical, maestro de generaciones y destapador de la candidatura presidencial de Miguel Alemán (1946) como el Cachorro de la Revolución.

Pero entonces llegó la guerra fría, los antiguos aliados comunistas se volvieron los nuevos adversarios del “mundo libre”, y México tuvo que tomar partido con Washington. Lo hizo a partir de 1946, año que inaugura la era del PRI. Se habla poco o nada de eso, pero el PRI nació como combatiente de la guerra fría.

Como tantos otros nudos de nuestra memoria colectiva, la historia del antimperialismo, antigringuismo o antiyanquismo mexicano, que salió un poco del closet en la jornada oficial de amistad con Rusia, tiene los cables cruzados. La guerra de 1847 es una gran herida fundadora, pero tuvo rápidas cicatrizaciones políticas y diplomáticas, como la ayuda de Lincoln en la guerra de Juárez contra Maximiliano y la convergencia económica de la era porfiriana.

El golpe de Estado a Madero, orquestado por la embajada estadunidense en Ciudad de México, es otra cicatriz, lo mismo que las leyes nacionalistas de la Constitución de 1917 que desembocaron en la expropiación petrolera de 1938, asunto que Estados Unidos toleró, relativamente, porque se anunciaba ya en el mundo la Segunda Guerra, y Washington necesitaba un continente unido y un vecino aliado, confiable en todos los órdenes.

Mientras en los cines el antigringuismo mexicano aplaudía los desfiles militares nazis, los gobiernos pactaban una alianza militar y de seguridad con EU que dura hasta hoy.

Tan quedaron olvidadas las heridas previas, que el responsable militar de la alianza fue el mismísimo expropiador del petróleo, Lázaro Cárdenas, nombrado secretario de Guerra por el presidente Ávila Camacho, en 1940. La alianza fue benéfica para ambos países, pero tuvo un invitado clave: el fomento de los frentes antifascistas en el mundo, que permitió a México mantener una buena relación con la URSS, “de Revolución a Revolución”.

Las simpatías diplomáticas y los coqueteos ideológicos hacia la URSS no eran vistos como amenazas para EU o para la seguridad continental. Eran zonas de coincidencias útiles, en el cuadro más amplio de la colaboración en la guerra contra el Eje. Fue la época de oro del comunismo en México y de Vicente Lombardo Toledano, celebridad prosoviética por excelencia de la historia mexicana, líder sindical, maestro de generaciones y destapador de la candidatura presidencial de Miguel Alemán (1946) como el Cachorro de la Revolución.

Pero entonces llegó la guerra fría, los antiguos aliados comunistas se volvieron los nuevos adversarios del “mundo libre”, y México tuvo que tomar partido con Washington. Lo hizo a partir de 1946, año que inaugura la era del PRI. Se habla poco o nada de eso, pero el PRI nació como combatiente de la guerra fría.