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El presidente Andrés Manuel López Obrador marcó tres cambios para su segunda mitad de gobierno.

Claudia Sheinbaum es su candidata, Adán Augusto López debe dejar atrás la imagen de ornato de la Secretaría de Gobernación y Rogelio Ramírez de la O debe ser un titular de Hacienda que tiene que hacer valer su voz como experto en temas financieros.

La jefa de gobierno comprueba que más vale la lealtad absoluta que la capacidad, mientras que el secretario Adán Augusto López tiene la posibilidad de mostrar que más que paisano puede ser un buen operador político para un gobierno que ha dado tintes autoritarios.

Mientras que Ramírez de la O tiene que mostrar esta misma semana que si bien mantiene abierta la cartera de los recursos públicos para los proyectos faraónicos del Presidente, también puede imprimir algo del sentido común perdido en el manejo presupuestal.

Está claro que para la segunda mitad de este gobierno López Obrador no deja cabos sueltos, pero parece que dejará a este par de secretarios de Estado tener más autonomía de gestión para conseguir los objetivos de su plan de gobierno, mientras cultiva la obediencia total de su delfín para la sucesión presidencial.

No tiene por qué haber sorpresas mayores en el contenido del Paquete Económico que se presenta este miércoles: grandes recursos presupuestales para los proyectos prioritarios del Presidente y para sus programas asistencialistas, sequía casi total para las partidas presupuestales que no le gustan a la 4T.

En la parte de los Criterios Económicos, considerar un rebote económico mucho más lento el próximo año tras la caída histórica del año pasado, un tipo de cambio que debería mantenerse estable, en la medida en que no haya variaciones drásticas en la política monetaria de Estados Unidos, una inflación con presiones, pero con la perspectiva de regresar a su cauce en algún punto del próximo año y la proyección en los cálculos de ingreso y gasto que validen ese mantra del gobierno de privilegiar las finanzas públicas sanas.

La cancha que tiene Ramírez de la O se ha mostrado en algunos foros en los que ha participado ya en su calidad de secretario de Hacienda. Tiene un amplio reconocimiento fuera de las paredes de la fortaleza de la 4T.

Lo que hay que ver es qué tanta injerencia le permite el Presidente al secretario de Hacienda, entre los más duros y retrógradas de su primer círculo, sobre todo entre aquellos que manejan áreas que son de gran relevancia para las finanzas públicas, como el sector energético.

El mercado tiene claridad que muchas de las políticas en materia energética que impulsa la actual administración, y no pocas decisiones de ejecución de proyectos de gasto en Pemex y CFE son contrarios incluso al sentido común. Y el secretario Ramírez de la O sabe leer bien a los mercados.

Muchas de las políticas del bloque Nahle-Romero-Bartlett pueden resultar incompatibles con un buen ejercicio del gasto público y la conducción sana de las finanzas públicas. Así que es en esos terrenos pantanosos, como los de las refinerías en Tabasco, en donde el secretario Ramírez de la O debe tener voz ante el Presidente.