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No falló un solo día el presidente Andrés Manuel López Obrador, durante la primera semana postelectoral, en hacer del tema de los resultados de las votaciones un elemento central de las conferencias matutinas que, se supone, deberían ser para asuntos dignos de un mandatario.

En especial, el líder de la 4T encontró un nicho para mantener el discurso de polarización que ha caracterizado la primera mitad de su mandato.

El resultado electoral de la Ciudad de México que marcó una división casi simétrica de la capital del país fue materia prima de cualquier cantidad de memes. Bromas gráficas que escalaron hasta mostrar una división de clases. Esa fue la asidera que encontró López Obrador para abonar a su ya conocido discurso divisor.

El modus operandi de la propaganda gubernamental es ese, mantener un tema intrascendente pero estridente en la discusión pública mientras los asuntos importantes pasan a un segundo plano.

Desde la “rifa del avión presidencial”, pasando por “devolver al pueblo lo robado” hasta conciertos de Eugenia León, en fin, ¡qué larga es la lista! Y qué creativos los propagandistas del Presidente para tener siempre a la mano el palo con la zanahoria al frente de la opinión pública.

En esa misma línea de distracción el Presidente suele jugar con la buena fe de no pocos actores políticos y económicos.

Por el lado empresarial uno de los más desgastados es el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Lomelín, a quien no le ha quedado otra opción que prestarse a ese juego de sombras de la 4T. Basta recordar los planes de infraestructura que no han pasado del anuncio.

Ahora se da un nuevo encuentro del Presidente con empresarios, uno más. Sorprende que haya analistas serios que creen que López Obrador está dispuesto a dar un giro a su gobierno sólo porque se encuentra con los integrantes del Consejo Mexicano de Negocios fuera de Palacio Nacional.

La verdad es que si el Presidente dice por la mañana que la política económica ha dado muy buenos resultados, que no va a dejar de insistir en los cambios constitucionales que quiere para regresar al estatismo y si refuerza su discurso de lucha de clases, donde él mismo forma parte de un bando, es muy difícil anticipar un giro en su forma de proceder para la segunda mitad de su mandato.

Claro que al medio centenar de hombres y mujeres de negocios que se reunieron con el Presidente la semana pasada no les queda más remedio que confiar en que la relación sea estable y que realmente les hable con la verdad cuando asegura que no tiene planes de llevar su lucha de clases al terreno del aumento de impuestos.

Sí es un punto a favor del gobierno de López Obrador que Rogelio Ramírez de la O vaya a asumir en breve la titularidad de la Secretaría de Hacienda. Sus cartas credenciales, como un financiero de la iniciativa privada que conoce objetivamente a México le avalan, pero como dice aquel texto: por sus obras los conoceréis, así que habrá que esperar.

Pero, esperar un cambio en el rumbo, en el entendimiento presidencial de la realidad económica del país, sólo por el resultado de las elecciones es una fantasía.