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El éxito de comunicación de las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador es inversamente proporcional al tamaño de los fracasos de la 4T.

El problema es que mientras el ejercicio de la propaganda sea exitoso, no habrá presión social para exigir resultados en el terreno de la realidad. Para exigir, al menos, que no haya un deterioro tan acelerado de los logros del país.

La capacidad propagandística de la 4T supera, por mucho, su habilidad para gobernar. López Obrador puede hipnotizar con facilidad lo mismo a sus seguidores que a no pocos de sus detractores, que basan su crítica constante al gobierno federal, no en los hechos, sino en los dichos de la mañanera, con ello garantizan el éxito del ejercicio de propaganda.

Cada mañana se fija la agenda del país, una ruta que puede ser contraria a los hechos, a la realidad cotidiana. Cuando algún hecho compite en atención con sus mañaneras, entones usa esa plataforma para torcer la realidad.

De ahí es que se posiciona más el mundo de “los otros datos”, del “vamos requetebién”, por encima de la realidad de una recesión que dura ya más de dos años y que a nadie parece importar. Puede su retórica mañanera hacer que un inepto y hasta imputable como Hugo López-Gatell siga con la terrible conducción de la pandemia.

Podemos, todos, entretenernos con el sorteo que usa la imagen del avión presidencial y decir que ya se vendió el avión. Podemos, todos, repetir que es el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, cuando apenas hay una pista militar rehabilitada. Pero lo hace a la perfección, engatusa, enreda, tiene a la audiencia cautiva.

No es difícil que ese ejercicio cruce la línea de lo ético. Luis Estrada, director de la consultora SPIN, documenta cada 15 días cómo las mañaneras son actos de propaganda llenos de “afirmaciones no verdaderas”, a razón de 81 por cada conferencia.

El problema es que, en este proceso electoral en el que ya estamos, rumbo a las elecciones federales para renovar la Cámara de Diputados, 15 gubernaturas y no pocos puestos adicionales de elección popular, esas mañaneras pueden ser usadas como un mecanismo ilegal de propaganda que puede cargar la balanza hacia el partido político del Presidente y satélites que le acompañan.

El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que ha dado lamentables muestras de parcialidad hacia la 4T, ahora pone en peligro mucho más que la facultad que le protegen al presidente López Obrador para que haga propaganda en plena campaña electoral.

El Instituto Nacional Electoral había acordado emitir lineamientos para que el presidente López Obrador limitara sus expresiones políticas en las mañaneras.

El Tribunal Electoral revocó el acuerdo y eso puede abrir la puerta hacia evidentes prácticas antidemocráticas de la 4T. Y eso implicaría otro paso más hacia la desconfianza en este país y en esta economía.

La voz presidencial en las mañanas es determinante para condicionar las conductas políticas, y López Obrador lo sabe, usar esa fuerza con fines electorales pude hacer que México empiece a cosechar opiniones negativas de instituciones y gobiernos extranjeros y eso sólo va a polarizar más a la 4T.