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Dominador como es de la demagogia en la política, el presidente de México le está jugando al nuevo de Estados Unidos la baraja de la migración masiva, que es la misma baraja que le permitió a su maestro Fidel Castro a doblar a Washington.

Con ese dominio de la demagogia en la política, va a obligar a Joe Biden a demostrar si fue sincero su discurso de campaña en favor de la migración, que le ayudó a ganar las elecciones contra Donald Trump.

Porque el presidente mantiene al Ejército mexicano como policía migratorio de Estados Unidos: como acordó con Trump, a cambio de que la Casa Blanca no se meta en la construcción, aquí, de un régimen autoritario, censor de la libertad y del Estado de Derecho.

Y, públicamente, Joe Biden no le ha pedido al presidente mexicano que deje de utilizar al Ejército para perseguir a quienes van de ilegales a Estados Unidos, como pidió y festejó públicamente Donald Trump.

Así que puede haber sido pura demagogia de campaña de Biden, aun cuando ya firmó un decreto que prohíbe seguir usando a México como sala de espera, para los migrantes rechazados en estados Unidos.

La negociación en esos casos (puramente castrista) es burda, pero muy eficaz: abro mi frontera (mis costas, en el caso cubano) y te inundo de decenas de miles de migrantes en pocos días, si me haces la vida imposible con tus exigencias de democracia.

Y una entrada masiva de migrantes a Estados Unidos provoca siempre imágenes llamativas de violaciones a derechos humanos. Porque no jala igual un agente mexicano apaleando a un migrante, que un marine haciendo lo mismo.

Con Trump, la negociación le funcionó al presidente mexicano: soy tu migra particular, pero tú no me pones aranceles, me cubres las cuotas de petróleo en la OPEP, no me enjuicias al general Cienfuegos, no me incordias con incumplimientos de convenios…

Funcionó tan bien que Trump lo admitió en público: “Quiero agradecer al gran presidente de México. Gran caballero, un amigo mío. Estoy usando a México para proteger nuestra frontera, México tiene a 27 mil soldados en ello”.

En 2019, Trump expulsó de Estados Unidos a 211 mil 241 mexicanos, y hasta noviembre de 2020 había expulsado a 170 mil 72, por los cuales el presidente mexicano nunca levantó la voz, aunque tomó el dinero que mandaron.

“Es un milagro social”: así celebró la llegada de 40 mil millones de dólares en remesas de connacionales, obligados a mandar más lana, por lo mal que andamos aquí.

Ahora, si Biden se rinde ante la baraja migratoria mexicana, tendrá que saber que, durante su gobierno, quedará moldeado totalmente el eje socialista La Habana-México-Caracas.

Eso será un hecho.