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El reto mayor para todo sistema electoral es lidiar en condiciones de competencia polarizada y cerrada. Un resultado en tales circunstancias dificulta que el no favorecido se reconcilie con el resultado. El ganador entenderá que el triunfo es condicionado y que de alguna manera tendrá que dar curso a la concordia y entendimiento una vez en el poder. Quien pierde, se sentirá obligado a impugnar el resultado con la esperanza de revertir la diferencia.

En la elección de 2000, cuando en México se vivió por primera vez la alternancia, ante el pronóstico de algunos de que la derrota del partido gobernante no sería pacífica ni civilizada, el escenario que más preocupaba era el de un resultado cerrado. Para las 2 de la tarde, el consenso de las encuestas de salida era el del triunfo irreversible de Vicente Fox. Los datos se compartieron con el ganador y los no favorecidos. Se hizo para facilitar la certeza y la confianza. Candidatos, partidos, el IFE, gobernadores y medios jugaron su parte para dar espacio a la sucesión presidencial más tersa que haya vivido el país en toda su historia desde Guadalupe Victoria hasta nuestros días. Mérito de todos.

En 2006 imperó el desencuentro. Las heridas del desenlace de aquella elección aún persisten y han envenenado la vida pública. Una diferencia mínima vuelve relevante cualquier irregularidad o la sospecha de su ocurrencia. Por ello se cambió la legislación electoral y existe un régimen diferenciado, para revisar y anular elecciones cuando se dan resultados con un margen estrecho.

No es la primera vez que la elección presidencial norteamericana presenta resultados cerrados. Así ocurrió hace 20 años en la competencia entre George W. Bush y Al Gore. Hubo impugnación, se resolvió y se superó el riesgo institucional. Ahora se presenta una situación similar, en la que el candidato demócrata habría de ganar por los votos electorales en estados con competencia cerrada.

El presidente Trump ha sido penalizado electoralmente por su imprudencia y la polarización que genera su forma de gobernar. Se viven horas difíciles, pero el sistema electoral y las instituciones mostrarán de nuevo su fortaleza y lo que verdaderamente ha hecho grande a esa nación de sus inicios.