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Es la octava economía del mundo, el tercer productor y los ingresos por crudo son casi 
la mitad de los ingresos públicos.

La caída de más de 45 por ciento en el precio del petróleo de julio a la fecha amenaza la estabilidad económica y política de varios países. Tal vez el caso más preocupante sea el de Rusia, que es la octava economía más grande del mundo y una súper potencia militar con un arsenal nuclear y un líder con ambiciones de expansión territorial.

Rusia es el tercer productor de crudo a nivel mundial y los ingresos provenientes del petróleo representan casi la mitad de los ingresos del sector público y 68 por ciento de las exportaciones totales.

La situación actual ha llevado a Rusia a experimentar lo que se conoce como un twin deficit, al tener un creciente déficit público por la reducción en sus ingresos provenientes del petróleo y enfrentar un deterioro en la situación de su cuenta corriente derivado de una menor entrada de divisas proveniente de las exportaciones de crudo y una fuerte fuga de capitales (tanto de inversionistas extranjeros como domésticos). Este problema del déficit gemelo se acentúa gravemente por las sanciones comerciales impuestas por el mundo occidental a Rusia y la falta de acceso a los mercados de capital internacionales para financiar el creciente déficit y refinanciar vencimientos de deuda próximos.

Esto ha provocado una fuga masiva de capitales, que ha ocasionado a su vez una depreciación de 100 por ciento en el valor del rublo frente al dólar, a pesar de que Rusia ha quemado aproximadamente 90 mil millones de dólares de reservas internacionales tratando de defender su moneda, aunque todavía cuenta con reservas estimadas en 400 mil millones.

La economía rusa se encuentra al borde de la recesión y la inflación se ha disparado a casi 10 por ciento. Recientemente el banco central subió las tasas de interés de 10.5 a 17 por ciento para tratar de disminuir la salida de capitales sin lograrlo.

Esta situación ha llevado al mercado a comenzar a descontar un posible default por parte de Rusia. Si los precios del petróleo se mantienen en los niveles actuales, los expertos estiman que la economía rusa podría tener una contracción de por lo menos 5 por ciento en el 2015 y que el incumplimiento sería muy probable, tal como ocurrió en 1998.

Aunque hay diferencias claras con la crisis de 1998, siendo la principal un tipo de cambio flexible en la actualidad y un monto mucho mayor de reservas internacionales, también hay similitudes entre las que destacan un déficit fiscal crónico, tensiones geopolíticas -en aquella ocasión derivadas de la intervención rusa en Chechenia- y más notablemente un choque externo en la forma de una caída en el precio del petróleo de 40 por ciento entre octubre de 1997 y octubre de 1998.

La crisis actual y la de 1998 no son las únicas veces que Rusia ha sido víctima de una caída en los precios del crudo. Para muchos expertos, el colapso de la Unión Soviética a finales de la década de los 80 fue precipitada por la crisis económica detonada por la fuerte y prolongada caída en los precios del petróleo. En aquel momento la URSS era el segundo mayor productor de petróleo en el mundo, detrás de Arabia Saudita. Entre 1985 y 1986 el precio del crudo se desplomó 70 por ciento y se ubicó en 15 dólares de ese entonces (aproximadamente 31 dólares en términos actuales), y se mantuvo entre 10 y 20 dólares hasta 1990.

Para aquellos que gustan de las teorías de conspiración, no faltan argumentos para sostener que Estados Unidos se ha puesto de acuerdo con Arabia Saudita para mantener los precios del crudo al nivel actual como herramienta para poner en jaque y aplacar a Irán y a las ambiciones expansionistas de Rusia y su apoyo a Siria e Irán.