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Si Venezuela es una bomba latente de conflicto social que alcanzaría niveles de guerra civil, no hay duda de que Maracaibo es la mecha encendida de esa enorme carga explosiva.

La otra amenaza de conflagración, que no implica violencia pero sí efectos económico-financieros fatídicos, está sembrada en el corazón de la City, ahí en Londres, Inglaterra.

Venezuela padece el aferramiento del grupo en el poder que no quiere reconocer que su modelo político-cultural fracasó. Viven con la esperanza de que un milagro haga que los precios del petróleo vuelvan a subir por arriba de 100 dólares, para recuperar el espejismo del que vivieron desde que Hugo Chávez ganó por primera vez la presidencia venezolana, allá por 1999.

Chávez llegó al poder con los barriles del petróleo venezolano a 10 dólares, la recuperación del precio acompañó a los primeros años de su modelo intervencionista. El espejismo del socialismo bolivariano del siglo XXI fue alimentado por el oro negro que llegó a cotizarse en 146 dólares a principios del 2008.

No era otra cosa que el éxtasis de adjudicar a un mesías iluminado un supuesto éxito político por el disparo brutal de los precios del crudo.

El poder y el dinero enfermaron al grupo en el gobierno, que se sintió invencible, hasta que la baja en el petróleo y la factura de sus excesos se hicieron presentes. El caudillo murió y el heredero nunca estuvo a la altura de un estadista que aceptara el fracaso y emprendiera el cambio.

Han tomado medidas tan drásticas y absurdas como implementar una semana laboral para la burocracia de dos días. Y así como la semana inglesa es de cinco días de trabajo por dos de descanso, la semana venezolana de trabajo indica dos días de trabajo por cinco de descanso.

El aferramiento al poder y la crisis humanitaria que vive la población venezolana ya encendieron los ánimos y lo que sigue es la represión o la revolución. No es lejano el día que tengamos en el barrio latinoamericano una guerra civil.

Del otro lado del mundo hay una semana inglesa laboral que es codiciada por millones de europeos que han encontrado en la inmigración a la Gran Bretaña una salida para los problemas de desempleo y pauperización salarial en la Europa continental integrada en la Unión Europea.

El Brexit, que es el acrónimo de la amenaza de salida de la Gran Bretaña de la Unión Europea, es una amenaza tan real como de un enorme potencial de desatar una nueva crisis global.

La onda expansiva de una aprobación de la salida británica en el referéndum del 23 de junio próximo alcanzaría primero el propio territorio del Reino Unido, después el resto de la Europa continental, de ahí, a las economías desarrolladas y, de inmediato, a las economías emergentes.

Y pues sí, una crisis adicional en el sistema financiero mundial le pegaría tanto a México como a la convulsionada Venezuela.

Un boquete de este tamaño al bloque único europeo podría implicar su desmantelamiento en poco tiempo con la salida de otros socios, sea por iniciativa propia o por expulsión.

De la semana inglesa, 
a la semana venezolana - val_int_venezuela_290416