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Lo más probable es que con el incremento de ayer en la tasa de interés interbancaria a un día de 25 puntos base se dé por terminada la temporada de alzas continuas por parte del Banco de México.

Han sido 15 incrementos consecutivos en igual número de reuniones de política monetaria de la Junta de Gobierno del Banco de México, que llevaron la tasa de referencia de 4% en mayo del 2021 al actual 11.25% decidido ayer.

Nunca dejaron duda, la mayoría de los integrantes de la Junta de Gobierno, de que mantendrían total intransigencia con las presiones inflacionarias y sólo había la expectativa en algunas de esas 15 reuniones si el incremento habría sido de 25 o 50 puntos base.

Desde el punto de vista de los inversionistas financieros había la certeza de un rendimiento creciente en pesos en un país con grado de inversión al que sólo había que monitorearle la salud macroeconómica.

Y entonces vimos la relación peso-dólar acompañar ese premio financiero adicional que llevó la paridad de los 21 pesos en aquellos días de mayo del 2021 a los actuales 18 pesos por dólar. Claro, en medio todos los altibajos de las tensiones y especulaciones globales.

Invertir en superpesos garantiza un rendimiento de 11.25% en instrumentos del gobierno, calificados todavía con el grado de inversión, lo que resulta altamente atractivo para los capitales.

Pero ayer acabaron los aumentos garantizados de ese premio. A partir de la siguiente reunión de política monetaria, cuyo resultado se anunciará el 18 de mayo, la decisión estará condicionada al equilibrio entre la inflación general, las expectativas inflacionarias reflejadas en el índice subyacente, el rumbo que tome la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) y hasta las posibilidades de recesión y desequilibrios en el sector bancario.

Algo está claro, la actual composición de la Junta de Gobierno del Banxico parece apuntar hacia el cumplimiento cabal de su meta de procurar la moderación inflacionaria. Pero el aumento de las tasas tiene también un límite, digamos, saludable.

Por todo esto, no es prudente hacer de la fortaleza cambiaria una bandera política, porque el peso fuerte no responde a las acciones del régimen de López Obrador en lo más mínimo y todo parece apuntar a que los movimientos futuros de la tasa de interés llevarían a la paridad a niveles más altos que los actuales 18 por dólar.

Va a depender mucho del nado sincronizado que logre Banxico con la Fed, la forma como se coordine el fin de los incrementos en sus tasas, el eventual y predecible regreso hacia la neutralidad del costo del dinero.

La autoridad monetaria se rige por índices, tasas y modelos econométricos, López Obrador se gobierna por los tiempos electorales.

Faltan 14 meses para las elecciones presidenciales y ese es tiempo suficiente para que se modifique el panorama monetario y cambiario de México, y eventualmente se acaben los dólares a 18.

Es mucho mejor para la economía ver tasas de inflación mucho más bajas de las actuales, con tasas de interés que permitan revivir los flujos crediticios y la actividad económica que tener como bandera una moneda con una paridad fuerte que acaba por afectar al sector exportador que es el principal motor del sector industrial.