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Ayer 28 de febrero, la cotización del dólar frente al peso tocó un mínimo intradía de 18.08 pesos por dólar, el nivel más bajo desde abril del 2018 cuando llegó a 18.00 pesos. Vale la pena recordar que en ese 2018, el peso se depreció desde ese mínimo hasta 20.61 en junio, unos días después de la elección presidencial.

Sin embargo, para finales de septiembre el peso ya había recuperado parte del terreno perdido, con la cotización del dólar bajando a 18.70. No obstante, el anuncio de la cancelación del aeropuerto de Texcoco a finales de octubre de ese mismo año llevó el tipo de cambio hasta 20.60 pesos en noviembre.

En los últimos cinco años –excluyendo el periodo extraordinario de la pandemia en la que el dólar llegó a cotizar en casi 25 pesos– el tipo de cambio se mantuvo en un rango entre 18.20 y 21 pesos.

Todavía en julio del 2022, el tipo de cambio operó en un rango entre 20.30 y 20.85. Sin embargo, después de tocar la parte máxima de ese rango el 12 de julio, el peso comenzó una racha prácticamente ininterrumpida de apreciación que nos tiene al borde de romper el piso psicológico de los 18 pesos.

Antes de analizar cuáles son los principales factores detrás de la apreciación del peso, vale la pena detenerse un momento a entender la importancia del peso en los mercados de divisas a nivel global.

De acuerdo con un estudio publicado por el Banco Internacional de Pagos en octubre del 2022, el peso mexicano es la tercera divisa más operada entre todas las monedas emergentes (detrás del yuan chino y la rupia india) y la decimosexta a nivel global.

Aunque el peso ha ganado algo de participación de mercado dentro de los emergentes y a nivel global, nuestra moneda lleva varios años siendo una de las más liquidas y operadas a nivel global.

En la opinión de Banorte el peso es una divisa que goza de “alta liquidez, completa convertibilidad y la existencia de una amplia gama de instrumentos para la cobertura de riesgos”. Para Banorte y muchos otros especialistas, estas características hacen del peso un vehículo de cobertura para otras monedas emergentes menos operadas o con menor convertibilidad.

En este contexto, es más fácil analizar los factores detrás del fuerte incremento en la demanda de pesos que ha contribuido a la fuerte apreciación de los últimos nueve meses.

En la opinión de este columnista destacan los siguientes: (I) el diferencial de tasas entre México y otros países, principalmente Estados Unidos; (II) un incremento en la ponderación de instrumentos mexicanos de renta fija por parte de los fondos de inversión globales y de mercados emergentes; y (III) el constante flujo de Inversión Extranjera Directa y el crecimiento en las remesas hacia nuestro país.

En cuanto al primer punto, el diferencial entre México y Estados Unidos se ubica en 6.5 puntos porcentuales, su nivel más alto en más de dos décadas.

En cuanto al segundo punto, el contexto internacional ha obligado a los fondos globales y de mercados emergentes a redireccionar recursos al dejar de invertir en países como Rusia y disminuir sus ponderaciones en otros como China, dejando dinero libre para invertir en bonos mexicanos.

Inclusive en América Latina, México ha acaparado flujos de inversión de portafolio que anteriormente iban a Argentina, Brasil y Colombia, entre otros. Es importante destacar que los flujos estimulados por estos dos puntos son altamente móviles y así como llegaron pueden salir si la ecuación de riesgo/rendimiento se vuelve menos atractiva en términos relativos a otros mercados emergentes.

En cuanto al tercer punto, la Inversión Extranjera Directa se ha visto favorecida por las tendencias globales de nearshoring y la posición de México como una de las economías más abiertas del mundo y principal socio comercial de Estados Unidos.

Asimismo, el flujo de remesas se benefició de los programas de estímulo económico en Estados Unidos y la reactivación de la migración de trabajadores mexicanos hacia la Unión Americana de los últimos años.

Aunque el contexto internacional y el diferencial de tasas son los principales impulsores de la apreciación del peso, también es necesario reconocer que sin un marco de estabilidad macroeconómica y un banco central independiente, este escenario no sería posible.