Simone

Simone

Voy revisando el paso de tu vida para sentirte cercana, me da la impresión que de no hacerlo así, el relato se vuelve hosco, le falta vida

Me pienso de dieciocho y me siento apenas una niña, yo también había lideado con mis propias batallas y mi fusil estaba en la forma que tenía de plantarme en el mundo.

Llevaba, la piel lisa, sin manchas, los dientes blancos y completos. Recuerdo que tenía el impulso de quien cree que la vida dura para siembre y el reloj era algo que marcaba lo lejano, aquello que parecía nunca llegar.

Me sorprende imaginarte de esa misma edad, Simone. En una época donde la vorágine de lo que acontecía era abrumador y desolador. Una Europa que se debatía en el yugo de un ejército que impulsaba una dominación en alemán.

Para mí, la capacidad de deglutir la información que hay en los libros y en algunas películas de la época me es difícil, si no puedo sentir en la piel el miedo de las bombas, el llanto de lo perdido, la desolación de no saber qué vendrá al día siguiente. Así que ahí también uso esta capacidad de envolverme en las emociones para sentir los espacios, para apropiarme de ellos como si pudiera y de hablar francés con gran fluidez.

Voy revisando el paso de tu vida para sentirte cercana, me da la impresión que de no hacerlo así, el relato se vuelve hosco, le falta vida.

Simone Segouin fue el nombre que te dieron al nacer, viste la luz por primera vez en una granja a unos noventa kilómetros de París. Te imagino conviviendo con tus hermanos, los tres hombres, y te veo pelear, escupir y maldecir. Para ti ser mujer no se limitaba a ayudar a tu madre en las tareas de la casa, cumplías además las mismas faenas de tus hermanos.

Me cuesta imaginarte sin pigmentos, las fotografías de la guerra son en blanco y negro, así que tiño con una paleta de rojos, azules y amarillos para darle vida a mis palabras, creando imágenes a color para ir más allá de la imaginación.

Tu padre luchó en la Primera Guerra Mundial y usaste la admiración que te provocaba, para seguir sus pasos con gran determinación durante la ocupación nazi en Francia. Así que apenas pudiste te uniste al grupo de resistencia FTP (Francotiradores y partisanos) compuesto por comunistas y nacionalistas franceses.

Cómo habrán sido esos primeros días, ¿nerviosa quizá? Eras parte de un grupo reducido de unas cuantas mujeres abriéndose paso, a base de disciplina entre los hombres, sobreponiéndose a la incertidumbre, a la inclemencia de clima, del hambre y al desasosiego.

Recibiste una nueva identidad para mantenerte en el anonimato; entonces te llamaron Nicole Minet, residente del puerto en el canal de Dunkerque.

Una bicicleta robada de una administración militar alemana, fue tu primer acto de rebeldía y la usaste para llevar mensajes. Tenias esta tenacidad marcada de quien parece no conocer la cobardía. Pero estabas convencida de que solo resistiendo con las armas, tendría Francia una oportunidad en semejante vorágine.

Te fuiste sofisticando y llevaste acabo misiones de gran escala, de esas que llevan el nombre de “sumamente peligrosas”.

Capturaste tropas alemanas, descarrilaste más de un tren y volaste puentes, deteniendo al enemigo.

Disparar un rifle en contra de un ser humano debe ser doloroso, la primera vez incluso bañada de ese sudor que intenta cubrir el miedo. Cuántas veces habrás enjuagado tus lágrimas una y otra vez hasta que quizá un día dejo de doler. Acaso te habrás vuelto insensible a la muerte; acaso se puede.

Con que firmeza tomabas un rifle, disparando al deslizar el cerrojo manualmente para que este avanzara y así expulsara los casquillos de las municiones, los colocabas en la recámara del cargador; una bala a la vez, cuidando el parque, encontrando la forma de disparar con certeza.

Puedo imaginar que en un principio el pulso te temblaba, la sordera del ruido de la explosión abrupta, el sonido intenso saliendo de la boca del cañón durando una o dos millonésimas de segundos pero perdurando un largo rato en tus oídos. Quizá fuiste adquiriendo destreza con gran rapidez. Por detrás, no era tu mano o el pulso quien lo sostenía, era más bien la fuerza que impulsaba la idea de liberar a tu país.

Se presentaba también la rabia que se gestaba al ver un ejército tomar lo que no era suyo, violar, matar dejar la tierra estéril, entonces te impulsaba la certeza de que rendirse ante semejante barbarie no era una opción. Y además en ello te jugabas la vida, con la certidumbre de que si no disparabas primero, morirías tu.

Durante la visita del general Charles de Gaulle a la ciudad de Chartres, donde dio un discurso fuera de la oficina de correos, la atención de los periodistas fue cautivada por tu imperiosa altivez, te contemplaron sentada en un costado de una plaza comiendo una baguette con mermelada, el fusil apoyado a tu lado y una banda de la FTP en el brazo.

Con qué claridad hablaste en entrevistas a reporteros norteamericanos y el lente de Robert Capa te inmortalizó para la revista Life. Así te dieron esa posibilidad de no diluirte en Los matices de la historia, de ser una representante altiva de las cientos de miles de mujeres que aunque eran minoría, también lucharon y que en su nombre ponías en alto su participación.

Al final, te uniste a la segunda división blindada francesa y trabajaste con Gaulle en la liberación de París.

Estabas convencida de que la resistencia era la solución para una guerra que sumaria al final; unos sesenta millones de muertos.

Te ascendieron a Teniente y recibiste la Cruz de Guerra, por tu destacado servicio en combate. Habrás portado la medalla con gran orgullo en los desfiles posteriores a la guerra.

Terminado el trabajo de soldado, te dedicaste a la pediatría en Chartres, donde viviste con los seis hijos que te dio Roland Brousie, todos inscritos con tu apellido. Quizá en ello iba la posibilidad de continuar con la fuerza que tenía. Padre e hija puestos ahí para detener una locura que llevo casi al exterminio de una Europa que dos veces seguidas, enterró a sus millones de muertos.

El 21 de octubre de 1945, las mujeres francesas votaron por primera vez en las elecciones nacionales. El general Gaulle destacó en su discurso que el gran avance social de las mujeres, había sido posible gracias a la valentía de muchas mujeres como Simone.

Hoy mientras escribo, honro tu paso por el mundo, me quedo con esta sensación de saber que uno tiene siempre la posibilidad de transformar el entorno por más desolador que parezca. Espero que unas cuantas líneas en un papel tengan la capacidad de llevarte por lo alto. De poner en el consciente colectivo tu camino por este planeta. Quizá con la fuerza de tu nombre, también podamos inclinar la cabeza por aquellas mujeres que también han dejado todo por defender lo que creen es correcto, dejando a sus familias y sus hijos mientras van desapareciendo borradas por la demencia de las guerras.

DZ

DZeuropaSimone

Menú de accesibilidad