Porraimos
Porraimos. Papusza, 1930. Foto: Wikipedia.

Ya no pisaré aquellos lugares gitanos de antaño.

Oh, amigos, ¿os gustaría conocer nuestra vida,

la auténtica realidad gitana?

Sé que no me creeréis, pero, por favor, escuchad este canto

y sabed que ni una sola palabra es mentira.

Yo canto cómo mi madre pasaba penurias.

No volveré a los bosques negros, 

¡creedme, que muera si miento!,

donde los gitanos solían ir por ese camino.

¡Maldito sea! Los pobres gitanos crecieron allí. 

¿Dónde estuve?, no voy a decirlo.

Allí me crié, allí nací. En mi vejez he aprendido a ser sensata.

No volveré a pisar donde estuvieron los gitanos bajo la oscura noche. Donde los niños escuchaban el canto nocturno de los pájaros de la muerte…

Ceija Stojka / Papusza

Porraimos; una palabra que suena en el fondo de mi mente, como si buscara en la oscuridad algo que me toca. Un vocablo de origen Romaní que significa devorar. Una manera de exteriorizar el dolor de un pueblo perseguido, una crónica de un viaje, de un grupo de seres humanos errantes, marcado por las persecuciones, por el desprecio, pero sobre todo, marcada por la ignorancia e incomprensión.

Entonces el tono que se usa para referirnos a ellos se entinta de temor, desconfianza y por otro lado cuesta trabajo eliminar las fatigas, la asfixia, la desigualdad y la injusticia a la que han sido sometido.

El número de leyes, pragmáticas, decretos, reglamentos y medidas de excepción contra los gitanos en todos los lugares donde habitaron es tal, que sería imposible enumerarlas. Con ellas las etiquetas de ladrones y asesinos se van multiplicando. 

Yo recuerdo  a una de mis tías decir, “cuidado que son gitanos, que esos roban niños”. Solamente en España se promulgaron, desde el año 1499, más de 280 pragmáticas contra el pueblo gitano.

A mi me vibran ciertas partes del cuerpo cuando encuentro cosas sobre ellos, pues estoy segura que mi abuela, la madre de mi madre, llevaba en sus venas sangre Gitana y Judía. Porque me atraen las mujeres que adivinan y sanan con sus hierbas, porque si hubiera tenido otra vida me hubiera gustado ser gitana. 

La discriminación y el racismo fruto del desconocimiento han sido la tónica imperante en la historia de este pueblo. Son numerosos los episodios a lo largo de la historia que muestran la situación de vulnerabilidad a las que han estado sometidos, aunque cabe decir que muy poco se ha  escrito sobre eso, ya que como suele suceder la historia está en manos de los vencedores y de aquellos que cuentan con recursos para contarla.

Las Invasiones de los ejércitos turco y mongol, impulsaron la diáspora romaní, obligándolos a tomar distintas rutas; así el grupo de Ben viajaría a través de Siria hacia el próximo oriente hasta el Nilo y el grupo de Phen  a través de Armenia hasta Bizancio. 

Han pasado un poco más de seis siglos, desde que se introdujeran en la península ibérica en oleadas migratorias. Hoy el análisis lingüístico del habla gitana, ha podido situar su origen ancestral en el subcontinente indio, ya que su lengua caló, que por cierto está en extinción, proviene del romaní que guarda un parentesco con el sánscrito y el práctico. Vaya problema para los Nazis, pues esta lengua indo europea daba cuenta de que los gitanos migraron a Europa desde la India y que por tanto, eran descendientes de los arios del subcontinente, o sea, los gitanos eran hablantes de una lengua aria; por consiguiente, los gitanos eran arios o quizás aún más arios que los propios alemanes.

Cuando hablamos de holocausto nos viene a la mente de inmediato la suerte del pueblo judío a manos de la Alemania nazi, pero poco se menciona a los Gitanos, un tema poco estudiado y oscurecido por la Shoah el termino hebreo para referirse a este episodio aberrante. Nos falta mencionar a las personas con discapacidades y la mano de obra polaca en los campos de concentración. Pero en este caso son los gitanos y las cifras de muertos que varían campaneando en el rango de un millón a doscientos mil seres humanos, los que tocan mi escrito.

¿Pero si eran arios; entonces? Pues fue fácil, un señor de apellido Günther conocido como Raza Pope, agregó el ingrediente de su pobreza, para decidir que su pureza era imposible, ya que procedían de las clases más bajas; entonces según esto, se habían mezclado con razas “inferiores” que encontraron en su paso errante. 

De ahí pues en 1935, se promulgó la ley para la “Protección de la sangre y el honor”. Que prohibió el matrimonio entre arios y no arios. Después despojaron a los negros no arios, a los gitanos y a los judíos del voto.

Esta antesala me pone ahora en circunstancias de poder contar la historia de alguien que me parece fascinante, un ser humano que entre la indiferencia y negación de los suyos, murió en 1987a la edad de 81 años. Ceija Stojka fue el nombre con el que la bautizaron, pero después ella usó el nombre de Papusza que  significa muñeca en romaní. 

Polaca de nacimiento, perteneciente a una familia nómada que vivió a lo largo del río Niemen, fue una de las mujeres gitanas que más ha contribuido a la transmisión de su cultura, gracias a la literatura.

Heredó de su madre el arte de leer las manos y adivinar la buena aventura con el Tarot. Siendo muy chica, una curiosidad por saber, por conocer, comenzó a devorarla con ansiedad. Así que aprendió en secreto el alfabeto con la ayuda de niños que iban a la escuela y aprendió a leer gracias a una comerciante. 

Su afición la hizo merecedora de burlas e insultos por parte de los miembros de su comunidad.

Cumpliendo 15 años la casaron con un hombre 10 años mayor que ella, al que nunca quiso y que fue encarcelado al poco tiempo. Más tarde Papusza fue forzada a casarse con el hermano del marido de su madre, este era músico y dirigía una orquesta itinerante. Así que  se integró al grupo y cantó canciones tradicionales pero también las que ella misma componía en su lengua. Mientras, improvisaba poemas, epopeyas y canciones infantiles.  

En 1943 un ataque a su campamento por los nazis acabó con casi toda su familia.

Jerzy Ficowski, un joven poeta polaco que huía de la policía comunista, se refugió en el campamento gitano donde ella vivía y le propuso traducir sus escritos al polaco y publicarlos. En 1950, una revista polaca los publicó. 

Relató las leyendas gitanas, de sus tradiciones, de sus sueños, las esperanzas, los viajes de su infancia, pero también las penas entintadas de una mirada crítica donde hablaba sobre la dificultad de la vida nómada. 

El éxito de sus escritos, fue su perdición, desterrada fue acusada por los suyos de traidora, de que sus palabras los llevarían a una destrucción irremediable y en parte fue así, el régimen utilizó sus textos para justificar crímenes contra su comunidad. Así que huyó con su familia. Durante esta época entro en una depresión profunda, por lo que su esposo la internó en un hospital psiquiátrico.

De ahí fue condenada al ostracismo apartada de su comunidad y murió vieja en la pequeña ciudad de Inowroaclaw.

Al leer sus poemas; en medio del tejido de sus lamentos quedaron también sus sueños y la fuerza de sus anhelos. Entre las hebras queda la pregunta de porqué se dio una persecución tan dura a este pueblo y quizá la respuesta esté en la búsqueda de  una doctrina política que buscaba  una homogeneización cultural, lingüística y religiosa en Europa sea parte de la respuesta.

Así los gitanos han tenido que luchar el doble para sobrevivir y en ello fueron encontrando estrategias para la intuición que permitían salvar la vida, de ahí la herencia de su capacidad de observación desarrollada por miedo. Son portadores de una espiritualidad que basa la experiencia en el hacer, en la práctica; no en libros ni teorías, ni en abstracciones complejas. 

Después de tantos siglos hoy sigue la lucha que busca  eliminar en la práctica esas malditas categorías que unos inventaron para clasificar a la personas y que sigue permeando en los juicios que nos hacemos sobre las cosas. 

Hoy en tiempos en que la familia y la sociedad de los países industrializados se derrumba, los gitanos han conseguido conservar su cultura, tradiciones y creencias, siguen formando familias unidas, ayudándose los unos a los otros. No dejan a los suyos y deberíamos aprenderles pues no encierran a sus padres en un asilo mientras se pelean por heredar 4 ladrillos amontonados. 

En términos generales no necesitan una ración diaria de medicamentos psicotrópicos y antidepresivos para poder vivir como necesitan millones y millones de personas de las sociedades autodenominadas “avanzadas”. Hoy tienen más oportunidades para educación y destacan en muchos ámbitos profesionales.   

Mientras escucho un poco de flamenco, voy imaginando un viaje en un carromato jalado por caballos, un campamento con un fuego en medio mientras escucho la historia de un pueblo que atrae mi fascinación.

Por DZ

Claudia Gómez

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